Cuando Dalia bailaba y él opinaba

Cuando Dalia bailaba…

las raices de sus pies

se abrazaban a las estrellas.

Él,  sin embargo, en silencio

solo tejía pesadillas

con forma de red.

Cuando Dalia bailaba…

el pez de hielo en el mar

de su pecho, no mordía.

Él, sin embargo…

amarraba con fuerza la barca

a su cogote triste,

testarudo.

Cuando Dalia bailaba…

y él opinaba.

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ANIMALISTAS FUNDAMENTALISTAS

Aunque nadie estamos libre de ella, no hay nada peor que la soberbia y una de sus consecuencias: los fundamentalismos. Tras la triste pérdida de nuestra perrita Bimba, he tenido mucho contacto con asociaciones, grupos, y personas “animalistas”. No puedo generalizar, pero creí que me econtraría con personas amables y cariñosas. No. En algunos casos me he encontrado con verdaderas “fieras” que lo primero que hacen es juzgar a la gente como si los demás no amáramos a los animales porque no tenemos su actitud y no actuamos como ellos. Como si ellos fueran el colmo de la santidad. Por favor… si juzgáis así, ¿ cómo queréis que la gente no abandone? Hay personas sin escrúpulos, pero también hay gente con verdaderas problemáticas en su vida, y a veces sufren mushísimo porque no pueden cuidar a sus mascotas, pero,  ¡oh… no… ¿ cómo acudir a estos lugares donde los van a crucificar por verse en la tristísima necesidad de no poder atender a un animal? Que conste que no es mi caso, pero es vergonzosa la actitud que me he encontrado con respecto a la gente en foros y publicaciones, y también en alguna conversación y actitud personal, ante la cual me he quedado perpleja. La soberbia se paga cara. Estáis consiguiendo el efecto contrario. La gente tiene miedo de vosotros y prefiere hacer una locura antes de ser maltratada y juzgada. Los fundamentalismos son terribles, se trate de lo que se trate…

B08

 

Pandi va a la escuela

Pandi ya está en la escuela. Menuda noche pasamos el día anterior… y es que no había forma de que se durmiera. Estaba muy nervioso pensando en su primer día de cole. Se despertó un montón de veces. Entrábamos en el cuarto y allí estaba, sentado en la cama… esperando que lo preparáramos ya.

Por fin se hizo de día…. y muy excitado,  Pandi se subió al sillón trasero de nuestra furgoneta camino del colegio. Le expliqué que sin cinturón de seguridad no se puede viajar en coche, y aunque le molestaba un poco, accedió a ponérselo. ¡Qué ilusionado estaba! Nada más entrar, los niños se apoderaron de él y no han parado de jugar juntos. Para que no se sienta solo, y como estamos en los primeros días que duerme allí, han acudido a hacerle compañía todos sus amigos ositos. Ahí lo tenéis, posando para nosotros, feliz, rodeado de osas y  osos. Todos son rescatados de las limpiezas hogareñas, aunque entregados directamente al cole. Tienen  pieles de diversos colores, y  me consta que hablan lenguas distintas. ¡Qué divertido! Otras noches sin dormir, seguro. Lo mejor de todo: los niños le hacen partícipe de todas las actividades…  Pandi dibuja, lee cuentos, se sienta en la asamblea… increíble la magia de nuestra escuela…

Rescatando a Pandi

Aquella tarde yo conducía con mi furgoneta por la avenida que rodea al parque del Príncipe. La primavera había puesto rabiosas sonrisas de labios rojos por todo el parque, en forma de amapolas. Aparqué en una zona resguardada del sol, donde varios ancianos dormitaban en bancos de madera junto a algunas madres que columpiaban a sus hijos. Entonces, al salir del coche, lo vi.

Estaba allí, y parecía aguardar mi llegada. Permanecía quieto, mirándome con su único ojo y suplicándome clemencia: “Ayúdame”, escuché con esa tenue voz sin sonido que se parece a los pensamientos. Era él… me estaba llamando. Miré su rostro, cubierto de hojas secas, polvo, pero nada más. Estaba, sin duda, recién llegado de algún cuarto infantil. No habría espacio para él en aquel lugar, o no habría tiempo para solucionar sus pequeñas heridas: una orejita desgarrada, un solo ojo, un rasguño en el costado. Dudé entre pasar de largo o acogerlo en mis brazos…pero pudo más este último pensamiento. Me di la vuelta y lo recogí. Tuve que hacer esfuerzos para no besarlo, de tan tierno que se mostraba entre mis manos. Pareció abrazarme a su vez, agradecido, emocionado, y hasta vislumbré una pesada lágrima caliente y salada rodando por su rostro de peluche, aunque quizás esta última imagen estuviera tan solo en mi imaginación.

Cargué con mi preciado oso de juguete Panda hasta la furgoneta, y lo acogí allí, donde antes dormía mi perrita perdida, en un cojín de Superman que nos negamos a tirar por los recuerdos. Ahora ese es el lugar de viaje de nuestro pequeño Loto, un foxterrier al que también hemos adoptado. Allí se puso Pandi, nombrado ya en mi pensamiento, y adquiriendo así el rasgo humano que le confiero a mis preciados muñecos de la escuela. Él es nuestro segundo animal adoptado tras el abandono que sucede a las hacendosas limpiezas que dedican los padres a las habitaciones infantiles. Otro es Plutón, que ya vive en la escuela y fue recogido en Madrid.

Pandi se acomodó en el mullido cojín de la parte de atrás de la furgoneta, y  le insté a que no desesperara , porque yo debía resolver unos asuntos a los que no podía acompañarme. Cerré el portón trasero y lo observé tras el cristal. Allí permanecía él, tranquilo, apaciblemente resguardado del abandono, y entrando en una siesta amable y dulce, sabiéndose poseído y ya juguete amado por una maestra de escuela.

A la vuelta de mis obligaciones, volvimos a casa. Cuando llegamos, abracé a Pandi y le propuse un baño. Él me miró algo desconfiado, pero yo le convencí de que de ninguna manera podría venirse conmigo a la escuela sin pasar antes por el ritual de la ducha. Su único ojo de colacao me miró y , entonces, accedió al baño, sabiéndose ya un querido y respetado muñeco escolar. Así es que lo metí en la bañera, no sin antes asegurarme de que el agua estaba a la temperatura adecuada para su precioso pelaje. ¿Cómo saber cuál era el mejor jabón? Miré varias marcas del estante y elegí el mismo gel con el que yo me ducho. Uno azul que habla de las profundidades marinas. Una vez que Pandi estuvo humedecido, acaricié su cuerpo de piel menuda con mis manos jabonosas. Ahora Pandi era una bola de nieve blanca y esponjosa. Olía a mares de coral y fresas con nata. Refregué y refregué su cuerpecito mullido hasta que me pareció que ningún resto de espuma marrón caía en el fondo de la bañera. Con el brazo de la ducha a toda presión, cual lluvia de primavera, dejé a Pandi libre de restos de espuma, mientras él ,de nuevo me miraba agradecido, libre ya de todo resto de suciedad.

¿Y ahora cómo secarle? Puse a Pandi un albornoz de mi hija, pálido y algo manteado por los numerosos viajes a lavadora. Envolví su cuerpo suave, y él me lo agradeció con un abrazo. Mmmm… ya le quería. Era mi Osito Pandi. Besé su cabeza suave y le prometí que sería para siempre feliz en mi escuela. Tras el abrazo, lo dejé allí, sobre el bidé, envuelto en el albornoz, a la espera de que escurriera el agua restante que quedaba en su piel , y me fui a la  “La croqueta”, comentándole a algunos de mis amigos la aventura vivida, y acompañando mi relato de algunas fotografías que compartí tan solo con ciertos amigos y amigas que saben de estos menesteres, y que como ustedes comprenderán, no son muchos. Son temas delicados estos que vivimos las personas que nos comunicamos con los juguetes.

Hoy, tras unos días, he terminado de secar a Pandi. Parece feliz, porque sabe que mañana nos vamos a la escuela. Lo he sacado al sol, y anda ahí, mirándome sonriente mientras termina de airearse sentado en el alféizar de la ventana. Los niños pasan y le sonríen; los adultos lo miran con curiosidad. Los perros le ladran, las flores de la ventana lo adornan… y él parece feliz. Esta noche  suturaré su oreja mientras le acaricio, para que no se ponga nervioso, y también curaré su costado. Y tras el descanso de la noche, mañana, muy temprano, lo montaré sobre el blando cojín de la parte trasera de la furgoneta y nos dirigiremos al colegio. No quiero pensar lo que van a sentir los niños y niñas al verlo… sorpresa, alegría… y además, tendré que contalres toda la historia.Pandi, estoy segura, también hablará con ellos. Lo sé. Los niños y niñas de la escuela también poseen el don de hablar con el corazón.

Sarajevo 2017

En el año 1992 yo estaba esperando la llegada de mi primer hijo durante el mes de noviembre. Un momento de grandes esperanzas. Esa situación contrastaba con las noticias sobre el conflicto de los Balcanes, que por esa sensibilidad especial que la maternidad produce, me tenía en vilo. Escuchaba las noticias muy interesada porque no podía comprender que personas que escuchaban la misma música que yo, que se divertían con lo mismo, que hacían deporte, vestían vaqueros y camisetas como yo … y quizás esperaban un bebé como yo… estuvieran en guerra. Admito que las guerras fuera de Europa me parecían diferentes… tengo que admitirlo con cierta vergüenza. Me impresionaba especialmente que esta guerra ocurriera en “casa del vecino” . La situación me producía escalofríos. Me impliqué tanto con las noticias, que cuando di a luz a mi hija, no dejaba de pensar en las mujeres que estaban en el conflicto. Me decía a mí misma que no tenía derecho a quejarme… y esa visión de la guerra me acompañó inevitablemente durante todo el parto. Es algo inolvidable para mí. Por eso se convirtió en un punto de especial empatía.

Pronto adquirí una novela sobre una niña que escribió un diario de la guerra: El díaro de Zlata, de la niña Zlata Filipovic. También recibimos en el colegio a varias niñas bosnias que estuvieron con nosotras durante el año siguiente. No hablaban ni una palabra de español. Debian de pasarlo mal…

Durante estos años, he seguido con interés las noticias y he leído varios libros sobre el tema:  La noche detenida, de Javier Reverte,  Hija del Este de Clara Usón, sobre la vida de la hija del general Mladic; Yugolsavia mi tierra de Goran Vojnovic, y algunos más. También he visto muchos documentales, entre los que destaco:  La muerte de Yugoslavia, de la BBC, o ; Sarajevo from bad to worse; algunas películas: La vida Secreta de las palabras de Isabel Coixet; En Tierra de Sangre y Miel, de Angelina Jolie; Las flores de Harrison , premio en el Festival de San Sebastián. Y algunas más que no recuerdo sus nombres. He procurado informarme sobre todo lo que pasó, aunque  claro, depende de a quién leas o preguntes, encontrarás respuestas con matices diferentes. De todos modos hay mucho documentado sobre el conflicto para hacerse una idea bastante certera.

Mi interés por este conflico nunca ha cesado, por ello cuando la pasada semana tuve la oportunidad de visitar Sarajevo, las emociones me removián por dentro. Quería saber cómo estaban tras la paz, cómo vivían, qué había pasado con sus gentes…  y sí, lo he visto: Sarajevo…IMG_5726Bosnia en general es un lugar maravilloso. No he podido visitar todo lo que me gustaría conocer, pero sí Sarajevo con bastante dedicación, y algo de Mostar. Ha sido emocionante ver su biblioteca reconstruida, tan bellísima; sus gentes riendo y tomando cervezas en los cafés, en las plazas y avenidas; los niños jugando en los parques; la música, el cine, el teatro; la ebullición de cultura… Sé que no es todo tan brillante como reluce y que esta paz no está exenta de fragilidad…

También he podido ver los nuevos museos, como  el dedicado a la tragedia de  Srebrenica, o el de los niños de la guerra, donde se guardan los objetos e impresiones que guardan los niños que vivieron esos terribles años. Muchas cosas que pensar, mucho para reflexionar…

Y me quedo con un objeto: la varita mágica del museo. El niño que la poseía pensaba que con ella se podría parar la guerra… y quizás sea el  relfejo  de la misma varita del Príncipe Renato de mi  Arcolibris.

Yo soy pacifista y creo en la paz.

¡Ah !, y  los nacionalismos, por lo que nos cuenta la historia, filosofías poco acertadas…

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El Arcolibris de la hija de la vida

Soy hija de obreros.Comencé a cuidar niños a los dieciséis, a los deciocho daba clases particulares, y a los veinte trabajaba de conserje por la noche, daba clases particulares por las tardes y estudiaba magisterio por las mañanas. Además, estudiaba en el conservatorio. Estudiaba piano, pero en sin piano. En las cabinas y donde podía. Me lo compré después. Una placa recuerda el día que lo hice. No soy mejor que nadie. Pero he trabajado durante toda mi vida. A tope. Es por eso que no me vale cuando me dicen que tengo un buen trabajo, que qué suerte… sí, no lo dudo. En eso he tenido suerte, pero yo llevo toda la vida currando y sigo haciéndolo día, tarde y noche. Esto es lo que hay. Así se lo vi hacer a mis padres, a mis abuelas y abuelos y así me gustaría que lo hicieran mis hijos… porque este es el destino de la gente que hemos nacido no como hijos de papá, sino como hijos e hijas de la vida… Y ahora os invito a la presentación de mi libro:
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