La caja sonora

Pues sí… cuando ellos no están, la casa se convierte en una enorme caja de resonancia. He descubierto que los electrodomésticos susurran, que hay conversaciones que llegan desde la acera. Las pisadas también suenan, fuera y dentro, dependiendo de si llevo o no, zapatillas. Me escucho en una película: el sonido de la servilleta de papel que se rasga, la puerta que se abre, el gato que araña su caja.  Vierto la leche en la taza  y una cascada de sonido lácteo me despierta por las mañanas. El reloj del estudio es de pilas, tiene aún números y resulta que hace tic-tac. Lo hará desde siempre, imagino, pero hasta ahora no lo he descubierto. Hace la pila de años que no me escuchaba… Eso sí, cuando ellos llegan, engullen y a la vez dan sentido al  silencio y  a su lenguaje oculto. Son mi música.

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Para mi hijo…

Para mi hijo, Rodrigo, con mucho amor:

Querido hijo:

Es la primera vez que vas a vivir independiente. Es un gran momento y un paso importante en la vida. Ahora que no me tendrás detrás de ti dándote la lata, como corresponde a mi papel de madre, te dejaré algunas ideas para que las metas en tu mochila viajera y vital, esperando que te sirvan de alas, y a la vez de paracaídas. Quisiera que no las olvidaras  y que las tuvieras presentes en los momentos importantes:

1.-Lo más importante: confía en ti mismo. Posees todos los ingredientes para triunfar. Eso no significa hacer una gran carrera o ganar dinero, que también puede incluirse en el lote, pero significa mucho más, significa saber bandearse en la vida ante las alegrías y las dificultades, sin perder la confianza, sabiendo enfrentarse a las glorias con equilibrio, y a la adversidad con coraje, blandiendo la espada de la razón, con la empuñadura del corazón. Equilibrio, equilibrio.

2.-Procura no dejarte engañar por los espejismos que muestran que vivir en eterna diversión es lo mismo que ser feliz. Trabajo y diversión es un dúo que se puede conseguir. Si lo logras, te aseguro que te encaminarás más fácilmente a la felicidad.

3.-Aunque transites por caminos pedregosos o valles amables, recuerda que hay un cordón invisible que te une a tu familia, y a través del cual fluyen los principios y valores con los que te hicimos crecer. Hazlos tuyos, amplíalos, dales tu sello y crea otros propios, pero si puede ser, respetando el amor con el que te dimos los nuestros, pensando siempre en lo mejor para ti. Desecha lo que ya no te valga, y crea algo nuevo, pero no pierdas el norte: La dignidad, la lealtad, el amor… procura que permanezcan en tu vida.
4.-Ten en cuenta que no hay nadie imprescindible para vivir. Nacemos solos y morimos solos . Rodéate de buena gente, de amor, de amistad; da más de lo que puedas recibir, incluso sabiendo que quizás de mucha gente no recibirás nada, pero no hagas de una persona  alguien imprescindible en tu vida. Será así más fácil amar de verdad, y que te amen.

Pase lo que pase… camina por la vida sabiendo que tienes un hogar al que siempre puedes regresar, y del que siempre puedes partir, libremente, ocurra lo que ocurra, porque en él hay una familia que te ama.

Te quiere, tu madre,

Pilar.

El mapa del pasado

Existe una localización geográfica de cada recuerdo, al igual que existe un olor, y una música que los envuelve. Este fin de semana pude comprobarlo, cómo recorriendo algunos lugares, puedes ver renacer una vez más esa amistad forjada con los años y las vivencias más intensas, algo que permanece  por encima del destino que tomemos cada uno.

Esta vez fue una boda, la del hijo de una amiga, alumno mío durante años, y hoy hombre que dirige su destino. Junto a él, en la misma fiesta, más antiguos alumnos. Para mí esta vivencia es indescriptible. ¿Cómo explicar ese momento mágico en el que se acercan, y me dicen que aún tocan, a veces, la flauta, que se acuerdan de mí y de mis clases con cariño…? Inmortalicé el momento con algunas fotos. Era maravilloso conocer el destino de esos hombres, de los que recordaba perfectamente sus rostros, porque aunque mis alumnos eran numerosos, ellos fueron los elegidos para representar mi guión adaptado de un cuento del gallo Kirico. ¿Cómo no recordar a aquellos personajes que aún conservo en fotografías…?  No quería que nadie en aquella representación quedara fuera, así es que el fuego fue grandioso, lo mismo que la lluvia, el viento…  Y allí estaban ellos,  muchos años después, en esa boda, y  junto a estos alumnos, mis amigas de entonces, aunque una de ellas estuviera solo al teléfono. Dan igual los años… era como retomar una conversación interrumpida.

Mi sesión lacrimógena apareció esta mañana, tras la noche de baile y emociones intensas. Y es que se lo dije a ellos, a esos chicos de 29 años, que cuando yo llegué a ese colegio era una maestra de 25, aún más joven que ellos, aunque ya era madre y traía un buen bagaje  de experiencias en la maleta.

Plasencia… hay cosas que nunca se  olvidan.  Mapas que quedan en la piel.

Unknown

Plasencia

La vida en dulce

Llevo nueve años con este blog y hasta este año no me he decidido a hablar sobre diabetes. Ahora estoy en ello, y tanto… que por eso hay en camino un libro que me está haciendo reflexionar mucho. No puedo adelantar nada, solo mis reflexiones al respecto, sobre todo lo que estoy aprendiendo mientras lo escribimos, mi amiga Montse y yo, a cuatro manos y a varias voces…

Ayer nos decía alguien que las madres y los padres de los hijos con diabetes  tipo 1 vivimos la vida como marines del ejército, siempre preparados para salir a combate. Vaya una comparación buena… siempre alerta y dispuestos a lo que sea. No hay descanso, no hay tregua, no hay minuto que esto pare. Al final… te acostumbras a vivir alerta.

Es difícil que los demás lo comprendan. Insisto, de nuevo, muchos nos aislamos ante la imposibilidad de dar explicaciones constantemente de tus actos y tus decisiones. En el libro se explica muy ,muy bien… y sé que la gente lo va a entender.

El mal humor, el cansancio, a veces,  es también difícil de comprender. Cómo la situación de tu hijo, una cifra que tenga, te baja o te sube el ánimo. Cómo una situación de descontrol de glucosa en tu hijo o hija, te hace estar a ti de un humor de perros, dispuesto a saltar a la mínima. Hay tanta tensión acumulada… En esto, insisto,  no hay vacaciones.

Cuando veo que alguien no va a poder acompañarme en mi camino, prefiero decirle adiós. Sea amiga, amigo, pareja, vecino, compañero o compañera de clase. Si no puede acompañarme en mi camino, no tengo elección, porque yo por el suyo no puedo transitar. Y no hablo de que me ayuden, hablo de que puedan comprender que yo tengo una forma de vivir y de sentir diferente.

Sí, tengo una forma de vivir y de sentir diferente y he tardado trece años en poder expresarme. 

Cuando suena el teléfono, (en mi bolsillo, permanentemente), yo solo pienso en una cosa; cuando salgo de viaje y el whatssap no funciona, yo entro en pánico. Si salgo al extranjero, miro el móvil constantemente. Da igual que tus hijos se hagan mayores, da igual, tus hijos son tus hijos. Siempre.  Y todo lo que en otros padres conlleva una preocupación lógica, en nosotros se vuelve desmedida. Y no es obsesión. Es responsabilidad.

Cuando hay algo importante,  piensas…  Y si no se lleva el zumo, el control, y si se cae, y si se marea y alguien piensa que es otra cosa…. Y si … y si… y si no puede hacer ese examen, y si… La mayoría de las veces, los “Ysies” no tienen sentido. Son construcciones terribles de nuestro cerebro. Pero hay veces, que algún y si… se cumple y eso confirma que es necesario estar alerta. Con equilibrio…pero alerta. Cada vez con una alerta más suave, pero alerta.

No me quejo. Ser madre era una de mis mayores ilusiones y alegrías. Todo compensa cuando miro a mis hijos sanos y felices, tan mayores y tan independientes…

Mi marido, mi familia, mis amigas, la gente que me quiere, ya lo sabe bien… Ya lo saben. Mi vida es así, en dulce…. Y no me cambio por nadie. La felicidad es también más grande. La diabetes introduce una nueva métrica en tu vida. Todo pierde la dimensión, la felicidad también. Y yo me siento feliz, porque esto me ha dado la fuerza y el coraje para estar  dispuesta a batallar en lo que se tercie…

 

 

 

 

Los padres diez

En plena locura de evaluaciones y tras  veinticinco años dedicada al magisterio, todavía me causan asombro los padres obsesionados con los sobresalientes. Durante estos años, he visto a padres pelearse con  mi compañeros, maestros y maestras,  porque el hijo de la vecina tenía un nueve cincuenta y el suyo solo un nueve. No es broma. Es absolutamente real. Me he preguntado siempre, qué  extraño complejo de inferioridad tan acusado puede tener un progenitor que lucha por algo así en un ambiente infantil. Sí, ya sabemos que la sociedad valora a nuestros hijos con números, y que de igual forma lo hace el mercado laboral,  pero ¿ nosotros también? Somos incapaces de ver la falta de amor que demuestra alguien hacia su hijo o hija cuando lo insulta de esa manera, cuando lo compara de esa manera tan vil y absurda,  lo humilla , y  es capaz de hacer pasar a un niño o niña, o adolescente,  por esa angustia sin sentido. En plena época de ochos, cuatros, doces, diez,  ¿ dónde queda el amor por los hijos, y la obsesión egocéntrica de los padres por destacar ante los demás?  El espectáculo es bochornoso. Contengámonos, por favor. Los hijos e hijas no son números. Y que conste que yo tengo y he tenido de todas las clases de números en mi casa. Míos propios y de mis hijos. Pero ya… estoy inmunizada ante los extremos y sus efectos. Somos, ante todo, personas. O eso creo… y deseo.

Bueno, ya de los que suspenden no hablo. Esos “apestados” y “apestadas” tienen que soportar su propio peso, más el del bochorno de sus padres ante los vecinos, familiares  y amigos. Sí, amamos mucho a nuestros hijos e hijas…

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