Reflexiones sobre la docencia irresponsable

Me enfadan muchas cosas en el mundo educativo. Muchas. Hay veces, que demasiadas. Me enfadan tanto como para desahogarme … pero no hasta perder la ilusión. Mis reflexiones sobre el bullying, entre otras cosas ,pasan por la asunción de responsabilidades, también de los que estamos en las aulas y en casa. Creo que el problema empieza en el corazón de los hogares y en el de las aulas.  Hay responsabilidad en esas familias que se sientan a comer y critican con risas lo “gordito” que se ha puesto el hijo del vecino, o los suspensos que saca el primo Paquito… Pues después, cuando su hijo llame “gordo” al hijo del vecino en la escuela, o “tonto” a su primo Paquito, que no se escandalice nadie.

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En cuanto a las aulas, pues los profesores, y profesoras entre las que me incluyo ( metámonos todos y sálvese quien pueda) educadores, orientadoras… también en ellos está la responsabilidad de no ridiculizar a ningún alumno, ni solo, ni  delante de los demás, de no criticarlo abiertamente con saña aunque piense que su crítica es “suave”, porque el resto va a tomar ejemplo. También están esos fantásticos profesionales que humillan a los que abandonan el sistema educativo sin analizar las causas que nunca son simples. Quizás debieran hacer, o debiéramos hacer autocrítica acerca de por qué funcionan tan mal las cosas y dónde comienza la espiral de violencia. ¿ Cómo hablamos nosotros, qué decimos, qué hacemos? Sí, los cursos están muy bien, las campañas publicitarias sobre el bullying … pero también digo yo que tendremos que mirarnos el ombligo y ver qué estamos haciendo todos, todos nosotros…

 

En defensa de mi teléfono…

Lo comprendo, que estoy hiperconectada y recibo la crítica y la acepto. Pero también tengo que decir que todo tiene sus porqués. No puedo acceder a mi ordenador, salvo en momentos contados, y  no puedo rabajar con personas de diferentes países y lugares, como lo hago ahora, si no es a través del teléfono, al que reconozco que siempre he tenido apego, por otras causas, que creo que a estas alturas, son obvias. Pero es que el mundo en el que  trabajo en mis proyectos es muy grande… y yo no puedo moverme de mi ciudad, ni viajar. Todos los hilos que muevo son desde el teléfono, todas mis actividades son a través de comunicación  teléfonica, ya sea en conversación, correo, o mensajes. Shirley

El teléfono es mi herramienta de trabajo en todos los aspectos, desde allí manejo mis blogs, abro los correos, me conmunico con los padres de mi aula, con los colaboradores de mi proyecto. Accedo a las redes, que son mi fuente de promoción cultural. Es el punto de conexión fundamental con mis hijos y mi familia, pero aparte, solo hay que pensar … ¿Alguien piensa que puedo llevar hacia adelante varios proyectos literarios desde mi sillón sin conectarme a las personas con las que trabajo? Mi teléfono es una  herramienta de trabajo. Mucho más que el ordenador. De entre las personas con las que trabajo en los proyectos literarios,  mi compañera de proyecto principal vive entre Madrid y Cáceres, mi marido trabaja asiduamente fuera de España, mis hijos están fuera, mi editor médico en la otra punta del mapa y  las familias de mi proyecto de diabetes repartidas por distitntos puntos del mundo. Parece fácil… pero no lo es.  Entiendo que estoy hiperconectada, pero no sé cómo trabajar a distancia sin él. No juego a los gamusinos. Trabajo.

 

 

La máquina empática: diabetes

¿De verdad no hay dinero en Extremadura para enfermeros escolares en los casos más graves? ¿De verdad que se puede consentir que los padres de los niños con diabetes tipo uno, sufran de esta manera? ¿Tengo que sentir  a unos  padres de nuestro proyecto sufrir como  están sufriendo? Su dolor es nuestro dolor,y no puedo soportarlo.
Me encantaría tener una máquina… la máquina de experimentar un hijo con diabetes.
Pasen y vean. Montan a su hijo o hija en la máquina de experimentar y lo miren con antención: cuando tenga varias hipoglucemias, cuando vea que se le deamaya su hijo , ese al que ama tanto, entre las manos y pierda el sentido… cuando convulsione y no sea capaz de remontarlo a la vida consciente…  cuando se cague de miedo porque puede ser que no vuelva en sí, porque no sabe si va a quedar con lesiones… cuando  experimenten ustedes señores y señoras del poder  lo que se siente. ¿ Cambiarán de opinión? ¿ Nos escucharán? ¿ Tenemos que llevar esta experiencia a la algún lado? ¿ QUIEREN MÁS DETALLES? ¿ A dónde narices hay que llevar nuestro testimonio???? Mientras el pais se debate con banderas nosotros seguimos nuestra propia batalla. Vergüenza siento  y de la grande. ESCUCHÉN DE UNA VEZ: NECESITAMOS ENFERMEROS ESCOLARES PARA LOS NIÑOS Y NIÑAS CON DIABETES ESCOLARIZADOS.
FAMIIA

Sobre las “Hemociones”

Recucerdo ir a alguna consulta de diabetes con mi hija y comentar los temas emocionales. Yo comenzaba diciendo algo así: “Es que creo que las emociones…”. La respuesta siempre era la misma: ” Es que eso no es diabetes, aquí tratamos la diabetes…”. Si hay una afirmación que me hiciera daño… era esa. Yo entonces, imaginaba que según esa visión, se  concebía a  la diabetes como algo que la persona se quitaba  y colgaba en un perchero a la hora de vivir y sentir. También recuerdo eso de mandarnos  al otro lado de la pista como una pelota de tenis y comentar yo: ” Es que la diabetes…” y entonces escuchaba: la versión contraria…. La misma situación. Como si las emociones se sacaran, se doblaran y se metieran en el cajón, cuando uno tiene diabetes, porque solo la tienen los valientes y los superhéroes, esos que no tienen miedo, ni sienten dolor. He echado mucho de menos en estos años, una visión más polidimensional, más abierta. Porque de tanto lanzarnos como  pelotas  de un lado a otro de la pista … casi nos quedamos atrapadas en la red.  ¡ Qué Impotencia! El tiempo me dio y me ha dado  la razón. Diabetes y emociones no se pueden separar. No hace falta hacer un master, ni ser un genio. ¡Es que es de cajón!

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El día que todo cambió: prohibido juzgar

Entre los propios objetivos personales que me he planteado con este libro de Montse Parrales y mío, llamado “El día que todo cambió”, estuvo siempre, desde el principio, la urgente necesidad de contactar con las personas con dm1 a las que no ” les va bien” con su diabetes. Sé y me consta que muchas no se comunican, que se aíslan y que no acuden a páginas de internet, ni asociaciones, ni foros, ni encuentros: nada. Ya sean pacientes, o padres y madres, una diabetes mal gestionada se convierte en una marca de fracaso. Sé que hay gente que lo vive con vergüenza, con culpabilidad. Y salvo excepciones de personas verdaderamente irresponsables, la mayoría de la gente lo intenta y lo intenta y no siempre sale bien. Falta apoyo emocional, psicológico. Sé que sienten muy juzgados, especialmente,  por toda la gente a la que “le va bien”. Esta realidad de la diabetes no se puede juzgar con frivolidad. Quiero decirles a todos que aquí no estamos para juzgar a nadie, yo misma, como madre,  he pasado por esa época negra, negrísima,  en la que no se veía la luz. Nadie, nadie, ni los más cercanos, saben nunca las batallas que hay con la diabetes en un hogar… cuando las puertas se cierran. Nadie sabe los problemas sociales, afectivos, económicos,  que se pueden añadir a una diabetes… Es tan fácil juzgar… Para mí, uno de mis objetivos personales es decir a la gente que lo está pasando mal: “Aquí estamos, sé cómo os sentís, ¿puedo ayudaros a conseguir que estéis mejor? No sois un número de hemoglobina glicosilada, sois un cúmulo de realidades, emociones y sentimientos. Aquí estamos para ayudar. Lo digo de corazón”. Ese es mi mensaje.

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Preparando mi bata de maestra

Aquí está preparada mi bata de maestra para mañana. La miro y la remiro, pensando si la plancho o paso del asunto. En cualquier caso, sintiéndome algo nerviosa, porque mañana es el gran día, el que recibiré a mis peques. Estoy algo nerviosa también por tantas novedades que se me acumulan, y en cuanto a la bata, lo sé, lo sé que no es una bata cualquiera. Despertó curiosidad, cuando la estrené. Pero es que yo andaba buscando una bata diferente, y la encontré en un viaje a Sarajevo. “Es la mía”, pensé.  Hay alguna compañera que se río de ella (o de mí) , pero sé que lo hizo con inocencia, sin malicia, con la condescendencia de quien me ha visto ponerme otras cosas poco usuales. Mis peques de la escuela la encontraron “bien”, sin más ( los peques carecen de nuestros prejuicios). Y mi alumno, maestro  de prácticas, bromeó como siempre, diciendo: “Jefa, ahora sí que eres una  profesora Montessori”, lo cual fue un halago. Excepto mi rechazo a la ropa hipersexualizada para las mujeres, y con la cual no me identifico para nada, cualquier cosa que se salga de la rutina me gusta. Mañana bata, primer día de escuela y una sonrisa.

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