Sarajevo 2017

En el año 1992 yo estaba esperando la llegada de mi primer hijo durante el mes de noviembre. Un momento de grandes esperanzas. Esa situación contrastaba con las noticias sobre el conflicto de los Balcanes, que por esa sensibilidad especial que la maternidad produce, me tenía en vilo. Escuchaba las noticias muy interesada porque no podía comprender que personas que escuchaban la misma música que yo, que se divertían con lo mismo, que hacían deporte, vestían vaqueros y camisetas como yo … y quizás esperaban un bebé como yo… estuvieran en guerra. Admito que las guerras fuera de Europa me parecían diferentes… tengo que admitirlo con cierta vergüenza. Me impresionaba especialmente que esta guerra ocurriera en “casa del vecino” . La situación me producía escalofríos. Me impliqué tanto con las noticias, que cuando di a luz a mi hija, no dejaba de pensar en las mujeres que estaban en el conflicto. Me decía a mí misma que no tenía derecho a quejarme… y esa visión de la guerra me acompañó inevitablemente durante todo el parto. Es algo inolvidable para mí. Por eso se convirtió en un punto de especial empatía.

Pronto adquirí una novela sobre una niña que escribió un diario de la guerra: El díaro de Zlata, de la niña Zlata Filipovic. También recibimos en el colegio a varias niñas bosnias que estuvieron con nosotras durante el año siguiente. No hablaban ni una palabra de español. Debian de pasarlo mal…

Durante estos años, he seguido con interés las noticias y he leído varios libros sobre el tema:  La noche detenida, de Javier Reverte,  Hija del Este de Clara Usón, sobre la vida de la hija del general Mladic; Yugolsavia mi tierra de Goran Vojnovic, y algunos más. También he visto muchos documentales, entre los que destaco:  La muerte de Yugoslavia, de la BBC, o ; Sarajevo from bad to worse; algunas películas: La vida Secreta de las palabras de Isabel Coixet; En Tierra de Sangre y Miel, de Angelina Jolie; Las flores de Harrison , premio en el Festival de San Sebastián. Y algunas más que no recuerdo sus nombres. He procurado informarme sobre todo lo que pasó, aunque  claro, depende de a quién leas o preguntes, encontrarás respuestas con matices diferentes. De todos modos hay mucho documentado sobre el conflicto para hacerse una idea bastante certera.

Mi interés por este conflico nunca ha cesado, por ello cuando la pasada semana tuve la oportunidad de visitar Sarajevo, las emociones me removián por dentro. Quería saber cómo estaban tras la paz, cómo vivían, qué había pasado con sus gentes…  y sí, lo he visto: Sarajevo…IMG_5726Bosnia en general es un lugar maravilloso. No he podido visitar todo lo que me gustaría conocer, pero sí Sarajevo con bastante dedicación, y algo de Mostar. Ha sido emocionante ver su biblioteca reconstruida, tan bellísima; sus gentes riendo y tomando cervezas en los cafés, en las plazas y avenidas; los niños jugando en los parques; la música, el cine, el teatro; la ebullición de cultura… Sé que no es todo tan brillante como reluce y que esta paz no está exenta de fragilidad…

También he podido ver los nuevos museos, como  el dedicado a la tragedia de  Srebrenica, o el de los niños de la guerra, donde se guardan los objetos e impresiones que guardan los niños que vivieron esos terribles años. Muchas cosas que pensar, mucho para reflexionar…

Y me quedo con un objeto: la varita mágica del museo. El niño que la poseía pensaba que con ella se podría parar la guerra… y quizás sea el  relfejo  de la misma varita del Príncipe Renato de mi  Arcolibris.

Yo soy pacifista y creo en la paz.

¡Ah !, y  los nacionalismos, por lo que nos cuenta la historia, filosofías poco acertadas…

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El Arcolibris de la hija de la vida

Soy hija de obreros.Comencé a cuidar niños a los dieciséis, a los deciocho daba clases particulares, y a los veinte trabajaba de conserje por la noche, daba clases particulares por las tardes y estudiaba magisterio por las mañanas. Además, estudiaba en el conservatorio. Estudiaba piano, pero en sin piano. En las cabinas y donde podía. Me lo compré después. Una placa recuerda el día que lo hice. No soy mejor que nadie. Pero he trabajado durante toda mi vida. A tope. Es por eso que no me vale cuando me dicen que tengo un buen trabajo, que qué suerte… sí, no lo dudo. En eso he tenido suerte, pero yo llevo toda la vida currando y sigo haciéndolo día, tarde y noche. Esto es lo que hay. Así se lo vi hacer a mis padres, a mis abuelas y abuelos y así me gustaría que lo hicieran mis hijos… porque este es el destino de la gente que hemos nacido no como hijos de papá, sino como hijos e hijas de la vida… Y ahora os invito a la presentación de mi libro:
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La perrita Bimba en el país de los Versos 

Mi querida y preciosa perrita Bimba, no sé si algún día te encontraremos. No sé si algo malo o bueno te ha pasado. Nos queda el consuelo de haberte regalado una vida nueva en el país del Arcolibris, donde nadie podrá hacerte nunca daño, y donde ya no solo nosotros  te amaremos,  sino todos los niños y niñas que lean tus versos, y jueguen contigo en sus fantasías, para siempre…

Un mes sin nuestra perrita Bimba

Un mes va a hacer sin nuestra perra… ¿Cómo explicar…? Ya medio mundo sabe que ha desaparecido, que se ha perdido, que nos la  han robado, o que algo ha ocurrido.Es lo único que puedo hacer… que todos sepan que te buscamos.

La echamos mucho de menos. Incluso sentarme a escribir es ya algo diferente. Porque aunque ya solo me visitaba de vez en cuando, durante mucho tiempo se estuvo viniendo a mis rodillas en cuanto yo comenzaba a escribir. Ella detecta que inicio algo tranquilo y placentero, y entonces, posa su cabeza en mis rodillas, y así, quieta, lanzando suspiros, me acompaña.

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No, no humanicé a nuestra perra, aunque ella ocupa un lugar importante en mi vida. Y no la humanicé nunca porque hubiera sido degradarla. Ella, por fortuna, es animal no humano.

Cada objeto de la casa es un recuerdo. Cuando era cachorra, se asustaba de la plancha… y a mí eso me hacía mucha gracia. No sé qué otro animal imaginaba que era aquel ser con rabo largo que bufaba y lanzaba chorros calientes. Pero ella le ladraba muy enfadada y sorprendida. Incluso cuando yo acababa de planchar, ella se acercaba a husmear, sin dejar de ladrar a aquel ser inerte y extraño, y no muy convencida de que el peligro hubiera pasado. Ahora, ya no lo hace. Ha crecido, y la plancha ya es para ella una vieja amistad conocida e inocente.

Hasta la pequeña furgoneta  duele, con la  cama perruna en la parte de atrás… para que pueda viajar con nosotros tan feliz, sin molestar ni ser molestada. Kilómetros mirando por la ventanilla, tan ensimismada como viaja ella siempre contemplando el paisaje.

Y ya un mes sin saber dónde está nuestra perra. Solo puedo dar la lata desde aquí,  buscarte y esperarte. Ya no sé si rezarle a San Antón, a San Roque, a algún ente superior que te devuelva a nuestra casa… mi pequeña Bambi, como te decimos en broma…

 

 

Mis animales…

Primero se comieron a mi pato Pipo, al que yo paseaba metido en un carricoche. Aunque  esto no me lo dijeron, y seguí creyendo la versión que me dio mi madre, la que contaba que vivía feliz en un estanque junto a los cisnes del cuento del “Patito feo”. Después, mi abuela le cortó el cuello al gallo Kirico, y ahí ya no hubo duda. Élla y la vecina hicieron lo que tuvieran que hacerle mientras yo me escondía aterrorizada por la escena.

Mi primera experiencia taurina tampoco pudo ir peor. En el pueblo de mi madre en fiestas, me llevaron a una “charlotada”, que era un espectáculo de toros para niños, con payasos y escenas cómicas. Tuvieron que sacarme del sofocón que me entró. No porque les estuvieran haciendo un especial daño a los animales, les hacían burlas y les tiraban del rabo, pero mi hermana lo sigue contando… cómo tuvieron que sacarme  llorando  con las risas de la gente alrededor, que no comprendían qué me pasaba…

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BIMBA BEBÉ 

Después, los niños de aquel barrio donde vivimos unos años, me hirieron a Perla, mi gata. La metieron en el fondo de unas celosías apiñadas, y la machacaron a palos. Increíble pero cierto. Esto ha ocurrido toda la vida, que los niños se diviertan haciendo este tipo de cosas atroces sin saber por qué, o bueno, más o menos ahora sé por qué hay gente que hace estas cosas.  Mi madre, valiente y decidida, envolvió a la gata en una toalla, y la metió en la bañera para limpiarle la sangre y curarle las heridas. La cuidó con esmero  y logramos sacarla adelante. Pero cuando se quedó preñada y tuvo a sus gatitos, murió. Según mi madre, de lo mal que estaría por dentro. Yo ya había visto a la gata Perla criar a más gatitos. Es algo que nunca se olvida. Algo precioso, así es que cuando la gata murió, me sentí…

Me regalaron, para quitarme las penas, a la gatita Estrella, pero la robaron porque era de angora. Después de más lágrimas me volvieron a regalar otra “Estrella”normal y corriente, que estuvo con nosotros muchísimos años. Era más un perro que una gata, de tan sociable que se mostraba. Después, he tenido conejos, pájaros, patos, peces, y un largo etcétera de animales en casa. También, entre ellos, llegó mi perrita Kira, que vivió con nosotros veinte años hasta que tuvimos que sacrificarla, por pura necesidad de respetar su muerte digna. Y ahí es donde mi madre llora…  llora cuando sacamos el tema. Ella, que no llora por estas cosas…

Ya en mi primer colegio, siendo maestra,  adopté a Letrita, una gatita bebé, abandonada, famélica y mugrienta, que recogí de la calle. No logré salvarla y le hice un poema que se quedaría en alguna parte, y donde le explicaba que nunca la olvidaría… algo que ha  resultado ser cierto.

Después vino Versace, nuestro fantástico y enorme gato salvaje ,que convivió con mis hijos, que tuvo un destino incierto, y por  el que  lloré a mares…Tras él, la gata Mafalda, que aún vive con nosotros. En los últimos años, han convivido también en casa los conejos Nala y Gringo, que se fueron yendo… y por último, el perrito Jarry, consu rápido paso por nuestras vidas, más el dolor de su muerte que aún no se me ha pasado con el tiempo.  Hace tres años llegó a nuestras vidas  Bimba, la perra de mi hija, cariñosa, alegre, pizpireta, simpática… Bimba, desaparecida de forma extraña, y a la que contiuamos buscando sin cesar… desesperadamente, con ese amor desemedido que en mi casa sentimos por nuestros hermanos animales.