Las Uvas de la Ira

”Un escritor está obligado a celebrar la probada capacidad del ser humano para la grandeza de espíritu y la grandeza del corazón, para la dignidad en la derrota, para el coraje, para la compasión y para el amor” (Steinbeck en el discurso de aceptación del Nobel de Literatura en 1962).

Hace casi un año que en mi club de lectura de la biblioteca leímos un clásico: Los vagabundos de la Cosecha, de Steinbeck y me pareció un libro de los que impactan. Me impresionó de Steinbeck, no sólo su obra, que ya conocía y que nos hicieron leer en el instituto, sino su vida de escritor comprometido, de la que nos podemos hacer una idea leyendo sus palabras.

(Las Uvas de la Ira)

En cuanto a Los Vagabundos de la cosecha de donde surgió la posterior novela y la película: Las Uvas de la Ira, tomo como referencia las notas que escribí en el blog entonces, y en las que explicaba como el autor nos narra  los acontecimientos surgidos en Estados Unidos cuando el país atravesaba la  Gran Depresión y miles de campesinos se vieron obligados a emigrar en busca de trabajo, vagando por las carreteras del estado de California y ofreciéndose como temporeros. Los vagabundos de la Cosecha no es una novela, es  un compendio de  reportajes periodísticos; escenas desoladoras que se inmortalizaron en fotografías famosas como las de Dorothea Lange y Walker Evans o en películas inolvidables como esta de Las Uvas de la Ira. Durante el  fin de semana saqué la cinta de la biblioteca. Fue todo un acierto. Es una película maravillosa, pura magia en blanco y negro, y un buen punto de partida para la reflexión.

(Dorothea Lange, Simple life, 1939)

El año pasado, después de leer el libro, comentábamos una compañera y yo sobre qué poco hemos cambiado los humanos en ciertas cosas. Por lo visto, la gente pasaba, con sus coches repletos de enseres y sus hijos famélicos, por las carreteras de California, y nadie les socorría. Me escandalizan esas escenas del libro, y otras que se muestran en la película, pero mi compañera me contestó que es lo mismo que hacemos ahora… exactamente lo mismo que hacemos ahora… y tampoco pude contradecirlo. Nunca he albergado a ningún inmigrante ni a su familia en mi casa.. sólo porque piense que están sin trabajo. Con ocuparme de mi vida tengo bastante… Nos enternecen las películas, pero la realidad nos hace volver la cara.

8 pensamientos en “Las Uvas de la Ira

  1. La gran depresión y las subsecuentes. En mi pueblo ha habido desde siempre recurrentes crisis en el negocio de la minería, eje económico de la región. En la segunda foto los niños aparecen sonrientes y es que desde la infancia todo se ve menos rudo, no puedo recordar un día triste en mi niñez no obstante que a la distancia se que había carencias. Y de albergar a un migrante, con tantas historias como las que se ven actualmente, he compartido mis alimentos con ellos pero no se puede hacer más.
    Saludos.

  2. Una ocasión le di “ride” a un migrante y le pregunté que si no tenía miedo de que yo lo fuera a atacar; me contestó que él estaba haciendo las cosas de buena fe y no esperaba nada malo de los demás. Con tanta simulación como hay ahora, ya ni se sabe, en ocasiones pagan justos por pecadores.

    • No sé si has leído el libro, pero es impresionante. No se me ha olvidado y mira que hace un año que lo leí y estaba deseando ver la película. La peli es bastante “light” pero el libro te revuelve la sangre. No sé, me parece un tema muy actual este de considerar a los que emigran como seres de otro planeta, sobre todo cuando la olla no está para repartir. Es cierto, la economía no está para ni para los de dentro… pero poco a poco nos vamos deshumanizando tanto…que a veces, asusta. Cuando he tenido inmigrantes cerca, han sido alumnos. Cuando se personaliza y se pierde el anonimato del drama, la visión de las cosas se hace más patente y es más difícil pasar de largo…

  3. Yo tuve que leer el libro en la facultad hace dos años. Recuerdo que los primeros capítulos no me parecieron prometedores. Lo tuvimos que leer en inglés, y como Steinbeck escribe los diálogos tal y como hablan las gentes de Oklahoma, la tarea se hizo un poco difícil al principio, pero según avanzaba la lectura me fue cautivando. Otras dos compañeras y yo fuimos las únicas a las que nos gustaron el libro o la película, que por cierto nos puso la profesora ya a final de curso.

    Ahora mismo no recuerdo todo lo que me gustaría, lo releeré en algún momento. Pero si recuerdo la escena en la que uno de los personajes deposita el cadáver del bebé sobre un río y le dice que lleve las noticias de lo que está ocurriendo allí…

    Coincido totalmente contigo en que la película es muy suave en comparación con la novela.

  4. Lo que yo no puedo olvidar es cuando habla de los tres grupos de personas que se formaban : Los que llegaban con sus caravanas y construían sus casuchas con ilusión, adornándolas y todo. Son los que no sabían lo que les esperaba. Otro grupo lo formaban los que llevaban más tiempo acampados o vagando, lo estaban perdiendo todo, y ya rozaban la desesperación, pero aún mantenían cierta esperanza, se aseaban y adornaban las casuchas, mantenían la dignidad o trataban de hacerlo. El último grupo eran los que habían perdido uno a uno a sus hijos con el hambre y las necesidades, a esos les envolvía ya un halo de locura y no creían en nada, ya no adornaban sus casas, no se aseaban, se arrastraban buscando comida y sólo esperaban la muerte. Cada grupo desconfiaba de los demás y ninguno de los dos primeros creía llegar nunca al último tramo, pero uno a uno iban llegando los carros y familias nuevas sustituían a las que iban pasando por la espiral de la muerte. No puedo olvidar ese círculo . A mí me pareció una joya, pero lo leí traducido e imagino que una buena traducción.

  5. Gracias por la recomendación del libro, por lo que cuentas se trata de un autor que ha tratado de promover la solidaridad entre las personas, independientemente de la raza o el origen. Y la solidaridad nunca está de más promoverla, ya que es un concepto que tampoco los gobiernos tienen muy claro (y me vienen a la cabeza ahora mismo algunas autonomías que no quieren ser solidarias con el resto). La solidaridad es la que, entre otras cosas, nos libra de las guerras.
    Un abrazo

    • Espero que te guste, pero ya ves, es un libro duro. Muy duro. Aunque es bueno leer este tipo de cosas. La solidaridad sólo se entiende ahora, a través de las ONG, y yo siempre pienso, que empieza a tu alrededor, en lo más cercano, que es lo que más nos cuesta y lo más difícil. Ufff… lo de las autonomías, es un tema muy largo…
      Yo creo que en este momento es bueno leerlo que sea, excepto la prensa que nos pone cada vez de peor humor…
      Un abrazo

  6. Me ha gustado mucho esta entrada. Steinbeck conmueve mucho. Es obvio porque estuvo tan marcado por los gobiernos norteamericanos de turno. Les hacía enrojecer, no de ira, sino de vergüenza. Como a nosotros.
    Saludos

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