Mi último despiste, con una sonrisa, para empezar el año

Como está terminando el año, no quisiera empezar el siguiente con el tono melancólico que me acompaña estos días, así es que compartiré aquí la última anécdota que me ha ocurrido y que ha despertado las risas a mi alrededor. Sinceramente, no es para menos…

Hace dos días me levanté más bien tarde y con muchas cosas que hacer, así es que me metí deprisa en la ducha para no perder ni un sólo minuto más de la mañana. Como estaba tan apresurada no encontré nada para sujetarme el pelo, así es que abrí el cajón de mi armario y saqué unas tangas de color negro, y con ellas me hice una coleta. Así me metí en la ducha, para no mojarme el pelo, y así salí después de ella, para desayunar, vestirme y… como tenía una coleta tan bien plantada ni me acordé, tan sólo me di un poco de rimmel, un brillo en los labios y salí a la calle. Hice compras, tomé un café, me fui a por la  imagen gigante de la virgen de Guadalupe que le gusta a mi tía para ponérsela en la habitación de la residencia, cogí un taxi y me planté en el centro de mayores. Pasé allí como una hora y media charlando con mi tía y sus nuevas compañeras, porque la palabra humaniza, y lo vuelve todo más cotidiano, más hogareño, así es que comentamos el programa de la tele, la navidad y mil cosas más. Cuando miré el reloj, era de nuevo hora de salir corriendo hacia casa y sólo al montar en el autobús, noté que mi coleta tenía un movimiento extraño… tiré de mi coletero y aparecieron mis tangas negras en la mano. Sentí todas las miradas sobre mí, pero no eran ciertas, cada uno iba a lo suyo y creo que nadie se había dado cuenta. Las metí en el bolso y noté todo el calor embarazoso del pudor sobre mi rostro y mis orejas. ¡ Dios, toda la mañana con eso en el pelo! A mis amigos no les extrañará. Soy despistada, pero hay días en los que la cosa me sobrepasa. Espero empezar el año con buen pie y con cada prenda en su lugar, y por qué no, con una sonrisa, que seguro que os la he sacado porque, aunque cada vez que me acuerdo me entran ganas de meterme debajo de la tierra, entiendo que los demás se rían, y es que… no es para menos… ¡Feliz Año a todos buena gente!

BLANCA

  Su llanto le desarma. A veces no sabe cómo calmarla. Le acaricia las frágiles  y pequeñas manos, le susurra palabras dulces, le muestra cualquier cosa que pueda distraerla de su tristeza, pero hay días que esta tarea resulta complicada .Hoy le puso, balanceándose delante de su rostro,una linda bola de colores brillantes. Blanca la compró para ella en los puestos callejeros de artículos navideños. Al ver la bola, los ojos de Anita resplandecen y su pequeña boca lanza grititos de júbilo. “Es Navidad, es Navidad,”, le dice entonces Blanca, acompañando su sonrisa.

   La hora del baño tampoco es tarea fácil. Hoy, al  recorrer los hombros de Anita con la esponja, le canta, mientras deja correr el agua por su pecho: “Campana sobre campaaana…” Pero a Anita no parece complacerle el baño y llora y protesta de nuevo. A veces, Blanca piensa en dejar este trabajo. Hay días que no tiene fuerzas. Ella posee su propia familia, sus propios hijos, su marido…y cuidar de alguien más es un esfuerzo que en ocasiones la deja extenuada, pero  “No están los tiempos para remilgos” piensa, y continúa cantando mientras termina su tarea: “Belén, campanas de Belén…”, al recorrer con la toalla los pliegues de la piel de Anita, ésta aún la mira enojada… “Venga, venga, que nos vamos de paseo”, le dice  Blanca.

 La hora del paseo es lo mejor del día. Anita, vestida y peinada, parece una reina en su trono de ruedas. Está encantada con los colores, los sonidos, la música de la Navidad, y no protesta en ningún momento. Blanca, de vez en cuando, le abrocha el abrigo, le ajusta la bufanda… “Qué bonito está el árbol del parque, todo lleno de luces de colores eh” le dice cariñosamente, mirándole a los ojos. Anita sonríe alborozada y  aunque no habla, Blanca y ella se comunican, y entre las dos ha surgido, con el tiempo, un lenguaje especial de guiños, caricias, palabras y gestos.

    La noche y la cena son los momentos más duros del día. A menudo, Anita se duerme y no quiere comerse el puré, ni beberse la leche. A veces, Blanca le riñe, otras veces se resigna y le va poniendo la cuchara con mucha delicadeza en la boca, mientras la distrae contándole historietas sobre todo lo que han hecho durante el día, sobre algo que retransmiten en la televisión, o incluso sobre su vida y su país, porque hay momentos en los que  ya no sabe qué contarle. Incluso así, después de  mucha   paciencia, hay noches en las que la comida acaba en el suelo o derramada sobre los brazos cansados de la mujer.

  Finalmente, el sueño de Anita la reconforta. Entonces, sale sigilosamente caminando de puntillas por el dormitorio. Antes de irse, tiene mucho cuidado de no olvidar lo que más le gusta  a Anita al despertarse, que es mirar la foto que hay sobre la cómoda. Blanca coloca cuidadosamente la fotografía, mirando hacia la almohada. Es una imagen en blanco y negro. En ella aparece una mujer muy  joven, con un collar de cuentas de perlas cayéndole con gracia sobre el pecho, mientras sonríe a un señor de bigote al que abraza amorosamente. Es la foto de boda  de  Anita, cuando  era una mujer  hermosa, yllena de juventud … “Qué lastima, lo que es la vida”, piensa Blanca, antes de apagar la luz de la lamparita.

La primera vez sin ti

Esta será nuestra primera Navidad sin ti. Intentaremos cambiar este año de lugar, de costumbres, de mesa, e incluso de menú. Cualquier cosa antes que ver el sillón vacío. Pensamos que quizás, sea así más facil y llevadero el peso de tu ausencia, pero todos sabemos que nos equivocamos, que es un juego como tantos otros, como el arbolito, las bolas y toda esta parafernalia en la que sólo es posible creer a través de los ojos de los niños.En definitiva, esta es nuestra primera Navidad sin ti y sabemos que no será nada fácil, aunque hayamos decidido desde el primer momento seguir adelante, sin arrastrar tu recuerdo como un lastre, sino tan sólo intentando vivirte en todo lo que has dejado dentro de nosotros, de toda la familia. Seguro que lo sentiremos esta noche, mañana, pasado, la noche de Noche Buena, la de Navidad, la de los Reyes y todas las noches de nuestra vida.

LA OVEJA NARANJA

Buscando villancicos diferentes en la red me topé con la oveja naranja. No sé que opinar sobre él, pero tengo que admitir que no deja indiferente…A mí me ha hecho gracia. Es surrealista… Ahí os lo dejo deseando para todos buenos días de cenitas, fiestas y acontecimientos. ¡Feliz finde buena gente!

El Minivillancico de la señorita T.

Andamos de “gira”con los villancicos de los peques de mi escuela, y ya vamos sin aliento y sin respiro por ser final de trimestre. Ayer estuvimos en un teatro, el martes nuestros peques cantarán de nuevo, y el día 26 repetirán en otro lugar. A pesar del trabajo y el cansancio, espero estos días con mucha ilusión y son estos momentos con los pequeños los que le dan un color especial  a la Navidad y los que me hacen vivirla de una forma distinta a la que parecen hacerlo otros adultos. Nuestros peques cantan sin play-back, el que canta más, canta más, y el que canta menos, menos. Lo importante es cantar, y allí trabajamos todos, los que tenemos conocimientos musicales y los que no, porque hacen falta muchos granos de arena para que suene un villancico de Infantil. Al escucharlos, son todos especiales, pero ver a los niños de tres años dirigidos por la señorita “T” es algo inolvidable. Diríase que la “señorita T.” tiene un don especial para que los niños le presten atención y sigan sus movimientos y sus palabras como hechizados por polvos mágicos musicales. A nuestra “señorita T” le avalan  muchos años de experiencia en la Educación Musical, y poco a poco ha ido pasando de la  exigencia y la perfección, a la tolerancia, y ahora me gusta más su forma de dirigir y cómo los niños se expresan con ella. ” Hay que tocar la palmada en su momento, vamos”dice la  “señorita  T”y entonces todos los pequeñines de tres años, con una expresión de felicidad contagiosa, chascan la lengua para recordar que ahora tienes que dar una palmada con pandereta y así se escucha : “Vitamina C ( chas-plas) le vamos a dar( chasplas)  para que pronto se pueda curar” y sólo esa frase,  del estribillo de un minivillancico,  en la voz de esos niños … vale por mil conciertos de voces primorosas. Enhorabuena  “señorita T”.

Mi tía

” Los zapatos se llevan lustrosos; hay que poner la mesa correctamente; el pelo siempre brillante; se come con la boca cerrada; no se dicen palabras feas; no se habla con extraños; los libros son la mejor fuente de conocimiento; hay que comer verduras; no se interrumpen las conversaciones de los mayores; hay que estudiar para el futuro; no se grita; el orden es una virtud; madrugar es la mejor forma de empezar el día; hay que ser humilde; los espejos sobran y hay que mirarse más por dentro que por fuera…”

Mi tía me crió, junto a mi madre, bajo una constante letanía de “buenas costumbres”. Siempre he criticado su rígida autoridad, y sin embargo, una vez que he llegado a la madurez, no puedo sino enternecerme ante todas sus enseñanzas, sobre todo ahora, que ella no puede, ni podrá ya nunca ordenar su casa, ni poner la mesa elegantemente, ni llevar el pelo brillante porque ya se le cayó. Ahora que mi tía es una anciana enferma y tenemos que cuidarla entre todos, me emociono y pienso en todo lo que hizo por nosotros en nuestra niñez. En cuánto nos enseñó. Quizás ella, que ahora apenas ve, ya sabía en aquellos años que todos los ojos azules de negras pestañas dejarían algún día de ser bellos y que entonces sabremos que verdaderamente los espejos sobran y necesitaremos miranos más por dentro. Gracias tía, siento dártelas ahora que ya apenas comprendes, ni sabes si llevo o no lustrosos los zapatos. Pero puedes estar tranquila: nada de lo que dijiste se lo llevó el viento. Aquí está en mi recuerdo y en mucho de lo que trato de transmitir a mis hijos, para siempre.

Mensajes

El cristal de la ventana está cubierto de vaho. Parece transpirar al ritmo de mi respiración, y siento deseos de acercarme a tocarlo. Dibujo con el dedo  un pequeño círculo a modo diminuta ventana para ver el exterior, y compruebo que llueve, y que la gente corre apresurada bajo sus paraguas brillantes, pisando los charcos. Siento la lluvia en mi rostro, pero es sólo una ilusión. El pelo mojado tras la ducha repiquetea sobre mi nariz y mis labios, lloviéndome también los  hombros.  Puedo sentirme dentro de la piel de esa gente que corre, pero estoy quieta, inmóvil, disfrutando de la  sensación cálida que deja el agua caliente y el jabón en la piel. Sonrío pensando en el calor de la calefacción que me protege del frío exterior, y pienso que lo mejor para completar el ritual es prepararme una taza de té. La tetera es nueva, mi último regalo tras un viaje. Es de loza blanca, con detalles azules, fina y delicada e invita a ser estrenada. Con la taza caliente entre las manos entro en el salón y me siento a su lado. Es una tarde de invierno, y pienso en lo pequeños que se ven los problemas, sean cuales sean,  cuando el alma está serena, y la felicidad te lo pone fácil con mil mensajes, si sabes descubrirlos.