Tres copitas para los Reyes

Mi padre se empeñó, aquella noche del cinco de Enero, en abrir el muñeco “llorón”, que en la caja ponía que se llamaba Andresín, para sentarlo en un carricoche de flores y que de esta forma la sorpresa del regalo de  los Reyes  Magos fuera aún más grande. Mi madre se oponía a ello, aduciendo que lo importante era que yo abriera los paquetes. El caso es que mi padre se salió con la suya, sacó a Andresín de la caja y lo sentó en la sillita de flores, pero con tan mala fortuna, que al meterle el disquito por la espalda (porque el muñeco  hablaba y balbucía también, pero con unos pequeños discos de color verde) se atascó uno de aquellos discos y Andresín se negó a hablar, llorar, o nada que se le pareciera. Mi madre se puso hecha un basilisco, diciendo que mira como ella tenía razón y que la tenía y la tenía, y que mirando los resultados, era la pura verdad. Así es que mis  padres se  pasaron la noche arreglando al pobre Andresín que por fin, al alba, pudo llorar y balbucir agusto, aunque mi madre lo devolvió a su caja para reafirmar su opinión. Antes de dormir, aún tuvieron tiempo de comprobar que la muñeca andadora de mi hermana funcionaba a la perfección, y  de poner las tres copitas de licor para los Reyes junto a  un cubo de agua para saciar la sed de los camellos, que según mi madre, lo pasaban fatal para subir hasta el ático.

No recuerdo un muñeco más bonito que el que esa noche me trajeron los Reyes Magos con la ayuda de mis padres. Recuerdo aún su olor, un olor dulzón en el pelo rubio,un brillo intenso en los ojitos azules y los carrillos rosados;  la boina blanca de lana y el trajecito a juego con los patucos. Un precioso muñeco que yo sentaba en la cama, después de jugar y que me duró años y años, tantos como entonces nos duraban los juguetes a los niños y a las niñas de mi infancia. Aunque los regalos actuales en mi casa son  más efímeros y sofisticados, el pacto que hicieron mis padres con los Reyes Magos de Oriente, sigue en pie, y traigan lo que traigan, yo sigo poniéndoles las tres copitas de licor, el plato de polvorones, y el cubo de agua, como le gustaba hacer a mi padre, porque aunque ahora  ya no vivimos en un ático, y yo ya no sea niña sino madre, los Reyes seguirán necesitando una  copita para entrar en calor, y los camellos seguro que aún pueden tener sed al llegar a mi casa después de tantos viajes…digo yo.

5 pensamientos en “Tres copitas para los Reyes

  1. FELICES REYES!!!! yo adoraba a mis muñecos, tengo el mismo recuerdo dulzón, qué olor tan especial!!! me ha trasportado. Luego un poquito más mayor los juegos de la SRTA. PEPI, qué nombre!! ja ja ja!! Y LA CANCIÓN DE LAS MUÑECAS DE FAMOSA SE DIRIGEN AL PORTAL EN BLANCO Y NEGRO, QUÉ FELICIDAD!! Hoy pienso que ya no es lo mismo y me alegro enormemente de haberlo vivido. QUE OS TRAIGAN MUCHAS COSAS LOS REYES. BESAZO.

  2. AAAAAyyy… el maletín de la señõrita Pepís!!!!! qué gracia, ya no me acordaba…ja ja …qué ilusión, tenían un espejito en la tapa. Snif…qué recuerdos…
    Un besazo grande, mi niña, y que también te “echen” muchas cosas. Muasss

    • Chin, chin, Alma!!! yo me voy ahora mismo de cena y voy a brindar por todos nosotros.
      Es curioso, porque para mi padre esa noche era la única que tenía que tomar una copa y por “obligación” y antes de que nos levantáramos. Era abstemio. Mi padre era de los pocos abstemios que debía haber en aquella época. Pero con los reyes tenía que brindar a la fuerza, pobre …ja ja

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s