Saturnino o Saturnina

Cuando vi a la hija de unos amigos pasear a su cobaya en un carricohe de juguete, recordé a mi pato Saturnino. Mi pato también era paseado en carricoche de capota por la terraza del ático, y  era un juguete para mí desde que me lo compraron en el mercado de abastos de mi ciudad, que ahora es un famoso parking.

Un día el pato Saturnino puso un huevo, y supimos que era Saturnina. Las niñas urbanas, como yo lo era, son muy ignorantes en aspectos de la vida, y yo no me quería comer los huevos de la pata porque decía que dentro tenían un pequeño patito, y no había quien me convenciera de lo contrario. Los huevos que se comían venían del frigorífico, que eran huevos sin madre, según les explicaba.

Al cabo del tiempo Saturnino-na  desapareció. La busqué por todas partes, pero no la encontré y mis padres me explicaron que unos tíos míos la habían llevado a la charca del Casar, que es un pueblo cercano, para que nadara feliz entre otros patos y patas como ella. Cada vez que pasábamos por la carretera del Casar, yo buscaba en vano a Saturnina, hasta que cumplí los doce o trece años, y entonces mis padres me explicaron que la dulce patita acabó en el horno.  Me resultó horroroso. Imagino que habrá  muchas personas con historias parecidas sobre mascotas. Comprendo a la gente que no come carne de animales. Yo no puedo pensarlo. Si lo pienso, no me la podría comer. Serán cosas y remilgos de chicas  urbanitas. Porque en realidad, me encanta el paté, entre otras cosas…

4 pensamientos en “Saturnino o Saturnina

  1. Parecidas no, casi identicas. Es lo que nos pasa a las niñas urbanas. Nosotros teníamos un patito y lo metimos en la bañera y casi se nos ahoga. menos mal que mi madre lo revivió. Jugábamos con el al escondite. Cuando se hizo grande lo llevamos al estanque del Retiro. Este al menos no acabó en el horno, ( o vaya usted a saber, al menos no en el de nuestra casa).
    Besos

  2. Un gran perro pastor alemán (nada que ver con nacionalidades ni religiones) era la mascota de mis hijos pero al tiempo se hizo tan bravo que hubo que sacrificarlo pues ya era un peligro, les dije a mis hijos que lo había llevado a recibir educación para que no atacara a la gente, el engaño duró hasta que tuve que decirles la verdad, Corsario se llamaba el perrazo.
    saludos.

    • Que sorpresa Memo, no te preocupes, sé que andas ocupado, yo también entro poco, o menos de lo que me gustaría, en otros blogs amigos. A veces, tengo muy poco tiempo y lo empleo en escribir, pero me encanta leerlos a todos. Me alegro de que hayas tenido un huequito para visitarme de nuevo, y ya veo que has comentado un montón de entradas. Muchas gracias.
      besos!!

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