Traumas

Clavó su mirada, de repente febril, en nuestros rostros. No pude escuchar qué decía, tal era mi estupor ante el volumen y el tono áspero de su voz. Sólo sé que entre los gritos nos lanzó  a los ojos, en forma de fina lluvia,  una saliva que imaginé  tan ácida como su expresión. Acerté tan sólo a comprender algunas  de las últimas palabra con las que nos expresó que no, que no volviéramos a hablar de la estupidez de los traumas, que eso no existía, y  que ella, a sus cincuenta años, veía muy claro que  su educación no le había causado ninguno. No se lo discutimos. Continuamos comiendo.

4 pensamientos en “Traumas

  1. Yo siempre afirmo que mi educación tampoco me ha creado o causado ningún trauma, igual los de fuera encontráis alguno, pero por lo que escucho sí hay personas que reconocen tener traumas infantiles, adolescentes o… Hay de todo ¿No?

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