El aperitivo

Ayer le hablé a mi tía del  ático, y de como me recuerda al nuestro. Le conté lo de las estrellas, y como  me recordó a cuando nos dormíamos juntas mirando los aviones. Ella me escucha desde la lejanía de su silla de ruedas, allá en otro lugar donde reposa la mente de los ancianos, envuelta en recuerdos mezclados con un  presente ambiguo, que se les desfigura a los cinco minutos. Le hablé de nuestros ” aperitivos”  juntas en las mediodías de la terraza, cuando ella se sacaba una cervecita fresca con un plato de patatas fritas y un refresco para mí.  Le llamábamos así, el ” aperitivo” y luego, sacaba la pitillera de piel roja y encendía un cigarrillo “Lola”. Mi tía me parecía entonces, el colmo de la elegancia. Se lo explico, allí, en el salón de la residencia de ancianos, un poco molesta por el aire acondicionado, y me mira y me sonríe, y saca un hilillo de voz desde su cuerpo menudo para decirme que sí, que se acuerda, y sonríe…con la mirada fija en mis ojos, diciéndome algo más  que no puedo descifrar, pero que me imagino, y me sostiene la mirada…desde allí, lejana en su silla de ruedas.

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