El Ocaso

Cada vez que visito a mi tía en la residencia de ancianos donde vive y se apaga día tras día, voy paulatinamente comprendiendo cómo funcionan  este tipo de centros en mi tierra, al menos. Muchas familias acampan literalmente en los salones para estar al lado de sus mayores, los que se supone, que han “abandonado” allí . Del amor, pero en parte de ese sentimiento de  culpabilidad, creo que  surjen estas acampadas. Tienen su parte positiva: hijos, nietos, van día tras día y les dan de comer, les arropan, les cuidan, para alivio de las auxiliares y cuidadoras, que en la mayoría de los casos no dan a basto. Los ancianos y ancianas atendidos se sienten reyes ante los otros, ante los que no tienen ese festival familiar día tras día. Pero la realidad es que TODOS viven allí y es por algo. Porque no es fácil.

No sé si los jardines, las instalaciones, los colores, son para los ancianos o para tranquilidad y alivio de las familias…

La lectura negativa es el desprecio que sienten estos acampados ante los que no podemos hacer lo mismo que ellos. A tu alrededor esos familares cuentan el tiempo que no te han visto y te explican que ha tosido, ha dormido mal, y ” tú no estabas” y yo me pregunto qué oculto significado tiene este comportamiento,si es el amor el que les ata a esos sillones al lado de ancianos que se consumen lentamente, o es el deber moral de hacerlo, o ambos a la vez, con lo que en cualquier caso, tratan de atacarte por no hacer lo mismo que ellos.

La lectura positiva es la importancia de la familia en mi país. Nadie concibe dejar a un familiar en una residencia y abandonarlo a los cuidados profesionales. Sencillamente, no se concibe, aunque poco a poco tendremos que ir aceptando que es una realidad que se impone en nuestros días. Y que lo más probable es que nos toque a los demás, y eso, con mucha suerte…

En resumen, no sé si acudo las veces que se supone que debiera acudir. No sé si hago todo lo que debiera. Pero lo que hago, las veces que acudo a visitarla, que le doy la cena, que le llevo algo, sí que sé que no me empuja nada más que el amor. No sé si la calidad le puede a la cantidad. Pero lo que hago es con el corazón y creo que mi tía lo sabe. Por cierto, hay un grupúsculo de personas que no van a estos centros porque se deprimen. “Prefiero recordarla como era antes”. Esos sí que me dan asco.  ASCO Y ASCO

4 pensamientos en “El Ocaso

  1. Amiga Pilar ¡qué difícil es tener un punto de vista correcto y acertado en este tema!

    Cuando uno vive esta situación, hacerse un análisis personal es de lo más complicado. Creo que se hace un totum revolutum entre emociones y sentimientos y no se puede por menos que salir ofuscado y roto. Se nos rompen todos los esquemas cuando dedicamos pequeños ratos de nuestra vida a contemplar la realidad pura y dura. No sé si cuando se acude a visitar a un residente le vemos a él o… nos vemos a nosotros mismos. El sistema de vida nos condiciona, nuestra “civilización” huye espantada de estos esperpentos. No queremos otra cosa que pensar que la vida es la juventud, el disfrute, el gimnasio, el dinero, la fama, la belleza, el éxito, las posesiones, los hobbies, las ambiciones, el progreso, etc… En suma, todo aquello que nos distrae de lo que con naturalidad va con lo que somos, humanos. No asistimos a clase el día que se impartió esa lección.

    Hoy al pensar en todo esto, sólo puedo darte transmitir una mirada triste y con muchísima frustración cuando te beso.

  2. Pilar, ¿quién tiene un punto acertado?

    Alguien me dijo, con respecto a mi tía, que esta no era la forma más acertada de terminar la vida. Esta persona, que sigue reprochándonos esta decisión, no ha vuelto porque se deprime…le derpimen los mocos, el olor a mierda, a desinfectante, las babas y demás. Pues yo creo que el abandono es la forma más dura de terminar una vida, y que eso se evitaría, si los que ” se deprimen” le echaran más cojones al asunto.
    Resulta que a la hora de terminar la vida, también hay diferencias. Junto a los que acampan, al lado del familiar, están los que pagan a sudamericanos y sudamericanas ( es lo que veo día a día) para que les hagan compañía durante todo el día. Si al precio de la residencia le sumamos el precio de una señorita o señor para compañía las cifras son desorbitadas ¿pueden todos los pensionistas pagarse esto? Pues esa gente que se lo permite, se supone que es que ” aman” a sus familias más que los demás.
    También conozco el caso de quien ha tenido señoras de compañía, varias enfermeras y una habitación practicamente de hospital en su casa. Este señor había sido médico. Su familia también le ” amaba” más que los demás.

    Sólo estoy viendo que, tristemente, en este tema hay mucha, pero que mucha hipocresía. Cada uno y cada una hace lo que puede y lo que le dicta su conciencia.

    Un beso.

  3. Estoy totalmente de acuerdo contigo…

    Lo que me ocurre es que todo esto que va asociado a lo que es convertirse un ser mayor y dependiente, me causa una honda congoja, por lo INJUSTO. Es el momento más crudo y en verdad pienso que esta sociedad se está alejando más y más. Tanto el sistema organizativo como las personas como individuos.

    Me duele enormenente el vacío de valores y del amor natural.

    Es eso simplemente.

    Un abrazo.

  4. Tus dos comentarios están llenos de verdades. Pues eso es lo más triste…
    Trabajé en una residencia de ancianos siendo estudiante. Entonces, lo veía todo muy lejano. Me daban mucha pena los ancianos, y juzgué duramente a sus familias. Ahora tengo hijos y me veo reflejada en lo que posiblemente sea mi futuro. Y sea por lo que sea, es inevitable que aceptemos esta realidad. Así es que pienso que es mejor que lo hagamos de la forma más natural y humana posible, quitándonos los prejuicios que tanto daños nos hacen, si es que podemos hacerlo…
    Un abrazo

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