REGALOS

Hoy recibí un regalo precioso:

 En cuanto entré en clase, una peque se acercó y me dijo: “Pon las manos.” Los corazoncitos cayeron uno a uno con su débil latido sobre mis manos  unidas…Siete diminutos corazones de papel en diferentes colores. Recortados toscamente y coloreados de igual forma en violeta, amarillo, rojo y azul. Todo un poema a la esperanza. Al menos, así los he recibido. Le he dado un beso emocionado.

Mujeres

La casa de mi abuela era un referente para las amistades y familiares del pueblo. Cuando venían a la ciudad a comprar, al médico,o a los hospitales, el punto de encuentro para comer, dormir, o parir, era la casa de mi abuela.

Recuerdo especialmente los partos esperados en nuestra casa familiar presidida por  la abuela Margarita. Las mujeres de la familia venían del pueblo con sus barrigas prominentes, sus maletines, bolsas de aseo y  camisones de puntillas. Se instalaban durante unos días, o incluso semanas a esperar la llegada de los bebés y poder ir al hospital. Al menos recuerdo a cuatro mujeres durante mi infancia, viviendo en casa de mi abuela los últimos días de espera. Me acostumbré a cotillear todo lo que se traían entre mano, y les ayudaba a preparar las canastillas, los útiles de aseo, las mantas y todo lo necesario, mientras sus maridos se quedaban en el pueblo, así es que también podíamos sentarnos al sol en la terraza, pasear y apurar los últimos días comiendo los manjares que cocinaba mi abuela y que amenizaban “nuestra” espera. Aquellos rituales maternales despertaban mi curiosidad hasta límites inimaginables, y creo que esos fueron mis prmeros indicios de que existía una sexualidad previa. No sé por qué, pero intuí que todo era una cadena natural.

Aunque tenía muchos modelos de mujer a mi alrededor, despertaron mi ternura las barrigonas esperanzadas y me convencí de que no completaría mi ciclo vital hasta que no pasara por ese trance. Un pensamiento que era sólo mío, y que no obedecía a nada que me inculcaran directamente del exterior. Nada más lejos de la realidad, porque las mujeres propias de mi casa, no eran tradicionales, en absoluto. Cumplí mi sueño con el tiempo, y nunca con decepción, sino con toda la ilusión que presentía de niña y más.

 En estos días  de principios de otoño pienso en esa tribu matriarcal que formó mi abuela a su alrededor, y de lo que ha sido de todas nosotras. Tan diferentes caminos, tan diferentes vidas que empiezan y se acaban…y vuelven a empezar…bajo la atenta mirada  de mi abuela, desde el fogón de los recuerdos.

Después del verano

Hoy empieza el otoño. A mí me gusta, lo veo preñado de promesas, pero mi hijo dice que no le convence. Dice que el otoño  tiene algo así como los lunes, que vienen después de una fiesta, la del domingo, la del verano…según se mire. Tiene su parte de verdad, y le he dicho que usaría sus palabras para comenzar la estación lunera en el blog. Sea como sea:  Feliz temporada para tod@s.

SOLIDARIDAD

Esta semana me reuní, por diferentes motivos, con algunas colegas de trabajo y también excolegas. Nos contamos nuestras andanzas del verano y los últimos acontecimientos en nuestras vidas. Una de ellas me habló sobre sus proyectos en la escuela, sus ideas de publicar algo, sus ansias de aprender todo lo nuevo que salía sobre didáctica en el campo de la Educación Infantil. Otras me hablaron sobre sus enganches a internet y a  la ropa de marca… y también alguna habló sobre dietas y el paso del tiempo. De tantas mujeres que estabamos reunidas, creo que ni una sola coincidíamos en nuestra forma de ver la vida, el mundo, el futuro, la educación… éramos como diminutos planetas en el universo escolar. Me pregunto cómo se puede hablar de perfil de educación, de escuela pública o privada, interinos o no interinos, si al final  la escuela, la  educación, la hacemos todos, las personas y nuestra responsabilidad para con la sociedad,  rara vez las instituciones.

Sin embargo…ahora que el tema de los profesores está tan candente…tengo que admitir que  hoy se me saltaron las lágrimas. Un instituto público cerraba su biblioteca por falta de personal. Habían despedido a diecisiete profesores, y ni doblando los horarios podían suplirlos. Si el cierre de una biblioteca no hace saltar las lágrimas… es que somos de piedra. Amo la escuela pública. Me enamoré de ella en mi juventud y sigo enamorada. Es tiempo de sacar el pañuelo por las lágrimas que van a caer. Creo que hay que reflexionar sobre este tema sin caer en rencores. Si en nuestro país tocamos la educación de nuestros hijos, entonces es que estamos realmente mal. Peor de lo que pensaba. Pero ni aún así, nos  harán perder la fe en la enseñanza. Claro, que yo  tengo trabajo, y así es fácil no perderla. Al menos, mi solidaridad con los afectados, que somos todos. TODOS.

Ella

Mientras forro los libros de texto de mi hijo, voy escuchando una vocecita que me sugiere que ponga clips en las esquinas antes del celo, y yo acepto la sugerencia que me viene del pasado.

Pongo la verdura a cocer, y una vocecita me recuerda que es muy beneficiosa para la salud, que alterne lombardas, con espinacas, acelgas, repollo. No olvides el toquecito de vinagre, me repite.

Me pongo a planchar y vuelvo a escuchar la voz que me indica cuál es la mejor forma de hacerlo.

Pongo la mesa y escucho de nuevo su voz, indicándome que la elegancia es importante en la mesa.

Me he pasado el día escuchando su voz en cada diminuta cosa que compone el quehacer de un día cualquiera dentro de una casa. Miro su fotografía y sonríe. Es repetitiva esta entrada sobre su recuerdo, como repetitiva es su voz en cada uno de mis actos; como se retpite su sonrisa  en el estante cada vez que paso por su lado, y por su colección de libros, que ahora son míos. Qué puedo escribir hoy que no sea sobre ella… sobre su peculiar personalidad a caballo entre la tradición y la extravagancia;  su huella en mi persona, sobre  mi amor por ella.