Mujeres

La casa de mi abuela era un referente para las amistades y familiares del pueblo. Cuando venían a la ciudad a comprar, al médico,o a los hospitales, el punto de encuentro para comer, dormir, o parir, era la casa de mi abuela.

Recuerdo especialmente los partos esperados en nuestra casa familiar presidida por  la abuela Margarita. Las mujeres de la familia venían del pueblo con sus barrigas prominentes, sus maletines, bolsas de aseo y  camisones de puntillas. Se instalaban durante unos días, o incluso semanas a esperar la llegada de los bebés y poder ir al hospital. Al menos recuerdo a cuatro mujeres durante mi infancia, viviendo en casa de mi abuela los últimos días de espera. Me acostumbré a cotillear todo lo que se traían entre mano, y les ayudaba a preparar las canastillas, los útiles de aseo, las mantas y todo lo necesario, mientras sus maridos se quedaban en el pueblo, así es que también podíamos sentarnos al sol en la terraza, pasear y apurar los últimos días comiendo los manjares que cocinaba mi abuela y que amenizaban “nuestra” espera. Aquellos rituales maternales despertaban mi curiosidad hasta límites inimaginables, y creo que esos fueron mis prmeros indicios de que existía una sexualidad previa. No sé por qué, pero intuí que todo era una cadena natural.

Aunque tenía muchos modelos de mujer a mi alrededor, despertaron mi ternura las barrigonas esperanzadas y me convencí de que no completaría mi ciclo vital hasta que no pasara por ese trance. Un pensamiento que era sólo mío, y que no obedecía a nada que me inculcaran directamente del exterior. Nada más lejos de la realidad, porque las mujeres propias de mi casa, no eran tradicionales, en absoluto. Cumplí mi sueño con el tiempo, y nunca con decepción, sino con toda la ilusión que presentía de niña y más.

 En estos días  de principios de otoño pienso en esa tribu matriarcal que formó mi abuela a su alrededor, y de lo que ha sido de todas nosotras. Tan diferentes caminos, tan diferentes vidas que empiezan y se acaban…y vuelven a empezar…bajo la atenta mirada  de mi abuela, desde el fogón de los recuerdos.

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