PIRULÍES

En algunas partes de Extremadura, así como en otras partes de España, es tradicional durante estas fechas de “Los Santos” la fabricación casera de pirulíes de caramelo. Es un dulce totalmente natural a base de miel, azúcar y almendras picadas. Hoy llevamos esta tradición a mi escuela. Sabias manos artesanas nos ayudaron. Hubo pirulíes para todos:

Celebraciones

Mañana celebro con los niños de la escuela “La castañada” hablamos durante todos estos días  de nuestras tradiciones, fuera y dentro de la península y también celebramos Haloween y otras tradiciones de fuera de España. Todo cabe en mi clase, todo cabe en mi hogar si es tratado con respeto. La puerta de mi aula está abierta a todos los colores, todas las culturas y todas las formas de expresión. Hay personas que se enfadan con la decoración de las calabazas. No lo comprendo, sinceramente. Cada vez me empeño más en celebrar cosas de otros lugares, en conocer costumbres, comidas, formas de sentir y de pensar diferentes. Todo enriquece. Yo no dejo de llevar flores a mis seres queridos al cementerio, por pintar calabazas con los niños y disfrazarnos. No es incompatible. No en mi aula. Respeto a quien no quiera hacerlo, pero esa intolerancia a todo lo “extranjero” me resulta, en el mundo en el que vivimos: absurda. Mis niños cada vez son de más lugares, de más países, de más culturas diferentes. Eso me gusta y me enriquece como persona. Ese afán por  dividir, por empequeñecernos… no lo comprendo. Mañana comeremos las castañas, las nueces, asaremos los calvotes. Haremos pirulíes de caramelo. Y también nos disfrazaremos y decoraremos nuestras calabazas…. ¿ dónde está el problema? ¿ americano? empecemos a pensar en todo lo que nos rodea de procedencia americana y renunciemos a ello, también a lo de procedencia árabe, china, africana, quedémonos con lo nuestro y retrocedamos, si es posible a la Edad Media. Quizás sea eso, lo que quieran algunos. Por mi parte: Que se abran las puertas y que entre el aire fesco… somos multicolores y tenemos libertad de pensamiento. Quiero no tener miedo a la libertad. Ni a la palabra “extranjero”. Basta  con montarme en un avión y recorrer unos kilómetros para serlo yo misma en cualquier otro lugar del mundo.

Feliz Diwali

He recibido un precioso poema felicitándome el Diwali, una fiesta religiosa conocida también como el «festival de las luces», que celebran miembros de varias religiones en India. No soy de ninguna, pero eso no es impedimento para  desear a otros lo  mejor.El simbolismo de la fiesta consiste en la necesidad del hombre de avanzar hacia la luz de la Verdad desde la ignorancia y la infelicidad.

El Diwali es, en realidad,  la entrada del nuevo año hindú . La gente explota petardos, estrena ropas, comparte dulces. Se  celebra, entre otros ritos, el regreso a la ciudad de Ayodhya del príncipe Rama, tras su victoria sobre Ravana, el rey de los demonios. Dice la leyenda que los habitantes de la ciudad llenaron las murallas y los tejados con lámparas para que el príncipe encontrara el camino de regreso y que de ahí comenzó la tradición de encender múltiples luces durante la noche o lanzar barquitos de papel con lamparillas encendidas a los ríos sagrados, cuanto más lejos vayan, mayor será la felicidad del año venidero.

También se celebra una comida compuesta de diferentes  platos y dulces,  y se suele hacer regalos a las personas cercanas y familiares. Es el momento para renovar los libros de cuentas, hacer limpieza general, y  es tradición que la diosa favorecerá de forma especial a quienes se reconcilien con sus enemigos.

Os mando el poema ,que me han enviado,con mis mejores deseo para todos los amigos del blog:

“May This Diwali be as bright as ever.

May this Diwali bring joy, health and wealth to you.

May the festival of lights brighten up you and your near and dear ones lives.

May this Diwali bring in you the most brightest and choicest happiness and love you have ever wished for.

May this Diwali bring you the utmost in peace and prosperity.

May lights triumph over darkness.

May peace transcend the earth.

May the spirit of light illuminate the world.

May the light celebrated at Diwali show us the way and lead us together on the path of peace and social harmony”.

“WISH YOU A VERY HAPPY DIWALI”

El corrector

_¿Si?

_ Señora, si su hijo llora métalo en la lavadora.

Lo hacíamos en todos los porteros automáticos que veíamos. Desde el colegio y por toda la avenida de Hernán Cortés. Hasta que aquel señor del bigote me agarró por una trenza con fuerza. Una de aquellas dos trenzas impecables que mi madre me apretaba con agua de colonia de Lavanda Puig. Mis compañeras salieron corriendo, pero mi cazadora azul de terciopelo le llamó la atención, dijo. Mi cazadora y las trenzas. Y los ojos, añadió. Me puso el bigote en la nariz y me  dijo que me iba a llevar a la policía. Sentí pánico y me puse a llorar sin parar. Entonces me hizo prometer que nunca más molestaría a los vecinos. Le juré que nunca más lo haría. Entonces me soltó y llegué a casa con el corazón en la boca. Nunca más llamé a ningún portero automático.

VOZ

Dice una de mis amigas que la única voz de hombre que le habla con cariño por las noches es la del ascensor… y dice un amigo que a él sólo le seduce la voz de su  tom-tom. Ahora hablan los  coches, los robots de cocina, los teléfonos, los ordenadores, pero en plena época de  explosión comunicativa, hay a quien ninguna voz humana le susurra cosas al oído con el calor del aliento. Voces de terciopelo que nos acaricien el cuello, las mejillas, los sentidos. Voces humanas con calor humano.

La voz. No sé  las veces  que escribo sobre ella. Podemos enamorarnos de una voz, enamorar con la voz, expresar sentimientos y emociones sin necesidad de muchas palabras. El tono, la cadencia, el timbre, todo tan delicado y surgido de un sistema tan perfecto.

La voz sin sonido, la voz de la conciencia, la  del remordimiento, la voces dormidas que, a veces, no queremos despertar.

Voces de distintos idiomas. Voces que nos dicen tanto…

Nunca nada me ha seducido tanto como la voz. Sobre todo si transmite un buen mensaje. Y sabía que eso no se cultivaba en los gimnasios.

El árbol de la Vida

Vengo del cine. Unos amigos nos invitaron a ver esta película, así sin más, sin ninguna información previa. Como una actividad de recreo en medio de la tarde de un sábado. No sabía nada sobre ella, ni sobre su director, Terrence Malick, ni la historia( si se le puede llamar historia), ni las críticas. Nada.

Creo que he caido por un agujero del sillón de la sala de cine. Quizás un agujero negro. Una pérdida voluntaria  de la noción del tiempo y del espacio. También he perdido el movimiento. He abierto mucho los ojos y se me han despertado los sentidos. Han llegado las emociones…

No puedo hacer crítica cinematográfica. Es una pretensión que se escapa de mis manos, pero sí puedo decir que ha sido una de las películas que más me ha gustado en los últimos tiempos. El cine nos conecta con nuestras emociones, las más íntimas. Así es que cada una de las personas que fuimos juntas, interpretamos y sentimos cosas muy diferentes.

Me he desgarrado por dentro. He llorado sin quererlo y he sentido. Ahora sé que es un film muy polémico. Si es buena o mala película… después de tantas emociones, qué decir. Que a mí qué me importa. Quiero volver a verla. Habrá muchas cosas por sentir que se me hayan escapado. Si utilizara un adjetivo: Sublime.

Un recuerdo

Me acabo de enterar. Me lo ha dicho mi madre.
Una oleada de emociones me ha sacudido por dentro, algo extraño, un sabor amargo, como el vómito de un recuerdo. Después ha pasado a ser un dolorcillo sordo, tan, tan lejano que se pierde por los recovecos del estómago, de la garganta. Ahora es tan sólo una sensación agridulce. Pura melancolía. Aunque sigue provocándome una afluencia de lágrimas sin mucho sentido.

Mi primer amor. Eso fue, si se le puede llamar así. Porque sólo teníamos trece años. Es la segunda vez que escribo sobre él. Sobre como perdí la cabeza por sus ojos verdes. Hace años que lo comenté a una chica de allí. “¡ Anda, qué original! ¿Y quién no perdió la cabeza por él entonces…?!” Me dijo. Pero para mí no fue una fantasía. Fue un pequeño amor de verano, de esos de los que todos tenemos algún recuerdo. Un primer amor de pueblo. No de playa. De feria de pueblo veraniega. Muy de mi tierra. Tan dulce, tan maravilloso en aquel momento.

Tenía un nombre horroroso, de esos que hacen contraste con la belleza de quien los soporta. Un nombre feo, un cuerpo bello, unos ojos hermosos, una personalidad extraña. Una vida terrible… Pero qué bonito fue entonces, cuando éramos  casi niños…

Mi madre me lo dijo hace un rato. Murió en septiembre. Aún no me lo puedo creer.