Visitas

Ayer recibì una visita inesperada: una de mis pequeñas alumnas, del curso anterior, pasó a verme con su madre. Ahora vive en Madrid. Corrí a abrazarla a la vez que ella vino a mí. Aquella “mujercita” rubia y espigada entró en mi escuela hace años,cuando abultaba muy poco. Y nos unieron lazos muy especiales, porque ha crecido, por diversas circunstancias,  en una familia monoparental, con una supermamá que lo ha dado todo por ella. Es lista, alegre, además de preciosa. Una niña feliz. Volví a despedirla con besos, y esta vez con otro abrazo emocionado a su madre: una mujer admirable. Estas visitas dan vitaminas al corazón de una maestra.

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