La encontré: “Whatever”

  A veces, escuchamos temas que creemos conocer. Puede ocurrir que sea cierto, aunque otras veces no lo es, otras veces, son simplemente notas que se cuelan dentro de ti y te acompañan como un perfume, sin que sepas por qué. Esta vez, sabía que era un viejo tema conocido. Sólo me faltaba buscarlo en la memoria, pero allí se me perdía. La red me lo pescó en el fondo del baul de los recuerdos: ¡OASIS!

Tengo que reconocer, fuera de intereses publicitarios,  que es un tema estupendo para saltar con un pie de un año al otro. Espero caer con el bueno. I’m free…

Balance 2011

Llega el momento de hacer balance. No fue un año fácil, pero no puedo decir que haya sido negativo. Personalmente contaba con todos los ingredientes para ser uno de los mejores, pero el destino juega sus propias cartas,  y el año que se nos va comenzó para mí con difíciles retos que superar, y fue finalizando con seres queridos a los que dije adios para siempre. Ayer le decía a mi familia que ha sido un año de aprendizaje. De “problemas” dijo mi hija. De “aprendizaje” corregí. No es para consolar o conformar a los que tenía a mi alrededor. Es que lo siento así.  A pesar de las pérdidas tengo una familia unida. Aunque tengo una pandilla de amigos que ahora no está en su mejor momento  y se tambalea en la dispersión, cuento con ellos. Y aunque tengamos el suedo congelado soy afortunada por tener trabajo y disfrutar de él. Estoy muy sana. Tengo proyectos e ilusiones de futuro.  Balance: Positivo. Sólo pido al nuevo año que sea un pelín más fácil de recorrer, menos complicado  de superar para todos en todos los aspectos. Con eso me conformo.  Feliz Nuevo año.

Ni me van ni me vienen

No veo apenas la televisión, y no porque la tenga  demonizada. Hay cosas que me gustan y cosas que no, simplemente no hay tiempo para sentarse a verla tranquilamente. Suelo cambiar frenéticamente de canal, a la búsqueda de algo interesante y acabo perdiendo el tiempo la mayoría de las veces. Ayer, sin embargo, me tragué un programa del corazón. No fue eso lo más extraño, sino que la familia que andaba alrededor se iba sorprendiendo paulatinamente de mis conocimientos acerca de todos los que salían en pantalla: artistas, actores y actrices internacionales. De repente, comencé a comentar la vida y milagros de cada uno de ellos, con sus matrimonios, sus divorcios, sus discos… y  ante la cara de sorpresa que había a mi alrededor, yo misma me pregunté cómo era posbile que supiera todo aquello. No lo tengo muy claro. No compro revistas de ese tipo, pero sí es cierto que leo todo lo que pasa por mis manos. Le compro, además, ultimamente, a mi madre, una famosa revista, que pido en la tienda, no sin pudor, y que doblo cuidadosamente en el bolso, para que no se vea en mis manos. Pero lo cierto es que cuando se la entrego a mi madre, ya me he leído todo lo que me ha llamado la atención. En resumen, lo suficiente como para poder comentar cualquier hecho que suceda al respecto del panorama artístico interncacional, así como de otros personajillos que viven del cuento. Es cierto, entono el mea culpa. No importa que en mi mesilla haya varios tomos de literatura. Conozco los extraños modelos de  Elena Bonham Carter y las andanzas con su marido, Tim Barton, y un largo etcétera que ni me va ni me viene. Cosas de los lectores compulsivos

La nieve del 22

Es inevitable pensar, estos días, en cómo nos marca la infancia. Tiendo a repetir todo lo que hacíamos de niña en mi casa, y no siento pena, quizás la obligada nostalgia, no más. Cuando puse el “belén” lo hice sonriendo. Veía a mi padre detrás de cada figurita, entusiasmado, colocando los pastores  en sus puestos, con el tocadiscos a un lado de la mesa y la música de los villancicos  invadiendo el comedor. En mi infancia, además, el día 22 “nevaba”, es decir, mi padre esparcía polvos talcos sobre las figuritas del portal,  la noche anterior, para que amaneciera un paisaje nevado, que contemplábamos atónitas, con el fondo musical del sonsonete de la lotería en la televisión. Una letanía que sonaba con pesetas.Y todo lo creíamos, porque queríamos creerlo. Así es que cuando miro el belén de mi casa, o de cualquier otro lugar, me asalta la sonrisa de mi padre y el recuerdo de la nieve, su nieve del día 22.