Los jardines extremos

Es inquietante, conmovedor y desagradable a la vez, paradógico, el parecido entre una residencia de ancianos y un jardín de infancia. Observo los mismos roles, pero intercambiados. Ahora son los hijos los que se marchan con gesto culpable, y los padres los que se quedan; algunos alegres, otros tristes, rabiosos, quejosos, violentos, juguetones, rebeldes, sumisos, resignados. La actitud de las cuidadoras y cuidadores se asemeja de igual forma. Observo gente risueña, seria, comprometida, indiferente, tierna, ausente, cumplidora, ilusionada…

Con todo el paralelismo entre estas dos situaciones extremas de la vida, se produce una confusión que para mí es errónea. A los ancianos se les da el trato de niños, sin serlo. Son adultos, adultos respetables que necesitan la misma atención y el mismo cariño, pero no el mismo trato. Imagino que detrás de este trato infantil hay muy buenas intenciones, pero no me parece adecuado. Aunque preferible siempre a la frialdad.

No puedo olvidar una conversación que escuché hace días:

Estamos hartos de que se queje, le dijo una anciana a otra. A partir de ahí comenzó un ataque verbal despiadado a su compañera: “Que sepas que yo estoy aquí porque lo he decidido, pero usted está aquí porque la han abandonado, eso, eso, la han abandonado y seguro que sus hijos ahora están en la playa, eso.”  Mi respuesta primaria fue acercarme a poner orden y reñir a la “niña” agresora. Pero me paré en seco. No eran niñas, yo no era la maestra, sino una simple visitante y aquello no era mi escuela, aunque se le pareciera de una forma brutal y extraña.

5 pensamientos en “Los jardines extremos

  1. Reconozco que las residencias de ancianos me han transmitido siempre mucha tristeza.
    Que buenas reflexiones tienes siempre en el blog, me encanta leerte.
    Un abrazo

    • Son realidades de la vida, Fátima. Cada uno responde según sus posibilidades físicas, éticas, económicas.Y no puede haber juicios sumarios, porque habría que analizarlos al detalle. Todas las familias tienen sus virtudes y sus miserias. Su pasado, su presente y su futuro incierto, muy incierto para todos… mejor no juzgar a nadie por lo que pueda pasarnos.

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