Elecciones personales

La libertad, al fin y al cabo, es ejercer  la capacidad de elegir, les dije hace días a mis hijos. Después de estas apabullantes afirmaciones de filosofía casera con las que de vez en cuando me despacho, me quedo sola y pensativa dudando de todo cuanto he dicho, porque…de elegir entre qué… pensé después. Porque las personas que nacimos de familias humildes, como yo, nos hemos pasado la vida eligiendo entre lo que había, ni más ni menos,  por ejemplo:

Entre estudiar como una loca o perpetuar el estado insatisfactorio de los que nos precedieron.

Entre seguir estudiando o ponerte a trabajar para poder independizarte.

Comprar o alquilar una casa, o moverte a tu capricho.

Amueblar la dichosa casa o viajar.

Tener hijos, o continuar preparándote profesionalmente.

Divorciarte o morirte, o morirte de pena.

Hacer lo que te plazca de forma responsable o someterte a los mandatos sociales.

Al fin y al cabo, eligiendo entre lo que había. Con posibilidad de vuelta atrás, pero con un precio muy alto en cada decisión. En definitiva, elegir te hace libre y tambiém es renunciar. Unas veces se gana, otras se pierde. De todo ha habido y de todo habrá. Pero de una cosa estoy segura, buscar tu propio camino, el que crees que es el tuyo…merece la pena.

4 pensamientos en “Elecciones personales

  1. Me encanta tu reflexión y estoy de acuerdo contigo en que cuando se toman decisicones, siempre se pierde y se gana, pero lo que no tiene precio es decir por una misma, pese a los errores. Y los aciertos, claro.La vida siempre con optimismo.
    Saludos.

  2. El optimismo siempre, SYl. Lo que sea será, y la falta de optimismo es echar más oscuridad, leña y humo a un camino que ya de por sí no es fácil. Al menos, la luz de un pensamiento positivo. . Mi abuela decía: La luz que va delante es la que alumbra. Tiene mil lecturas. El optimismo es para mí una de ellas.
    Un beso.

  3. Efectivamente, para poder ejercer la libertad se necesitan dos o más opciones, que, desgraciada y generalmente, no dependen del “elector”. Un ciego de nacimiento no tiene la libertad de eligir entre ver o no ver. Aunque, quizás sí tengamos la libertad de pensar, por ejemplo, què mundo nos gustaría.

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