Galanes

Ya escribí una vez, que en mi registro de inolvidables galanes del cine  estaba Christopher Plummer, el maravillos y atractivo papá de la familia Von Trapp en Sonrisas y Lágrimas. Le  hice una entrada hace meses. Porque detrás de mi interés por ver la película siempre estuvo mi amor cinematográfico, platónico y secreto por este actor. Ahora que le han dado un Oscar a sus 82 años, no puedo dejar de emocionarme por su reconocimiento público como actor.

En cuanto a nuevos galanes, tengo que decir que me fascinó el papel de Jean Dujardin y que creo que está fantástico, y más que eso en The Artist. Es la primera vez que no me enfado con la academia americana y sus polémicos premios.

 Enhorabuena, me encantan estos premiados.

Castaños centenarios

“Las bellezas de Extremadura no se revelan a los apresurados” (Thorton Wilder)

Quizás sea  la madurez, cuando empiezo a “frenar” en mi veloz carrera por la vida, la que me esté haciendo enamorarme cada vez más de mi Extremadura. Aunque todos amamos, de alguna u otra forma, el sitio en el que nacemos, llega un momento en el que puedes sentir verdadera pasión, y no me refiero a ese absurdo amor desmesurado que lleva a algunos fanáticos a desmerecer al resto del mundo en favor del minúsculo pueblo al que pertenecen. Es un amor más generoso, que te lleva a querer compartir con los demás todo aquello de lo que disfrutas día a día porque te parece un tesoro digno de despertar la admiración de los demás. Soy consciente de que nací en un paraíso natural, pero hasta ahora no he sabido realmente admirarlo en toda su dimensión.

Hoy, visité los castaños centenarios de Castañar de Ibor. Pude sentarme al lado de un gran “abuelo”  de setecientos años bajo la quietud, el silencio y una brisa que ya sabe a primavera. He sabido que esa comarca, la de las Villuercas, ha sido reconocida como  “Geoparque Villuercas, Ibores, Jara” por la Red Europea de geoparques. Los que estamos más cerca podremos disfrutarlo, los que están más lejos, que busquen en el mapa. Es sin duda,  un paraíso.

 

Pensadores

Ayer escuché en un coloquio sobre la Unión Europea, que para avanzar necesitamos más filósofos y pensadores. Después de arremeter contra los intelectuales hace unos días, en una de mis entradas,  no dejo de pensar en qué filósofos y pensadores nos sacarán de la crisis y nos harán avanzar. Mis deseos son que, efectivamente, salgan pensadores, pero con soluciones, porque los que leo y escucho, sólo divagan entre nubes de ideas que se pierden al lado de la gente que trabaja con dureza sin conseguir salir del agobio. Filósofos y pensadores: ¡Pensad, por favor, pensad, pero sin elitismo,  pensad en la gente, que estamos aquí en el mismo planeta, porque si no conectáis con la gente, si no sabéis comunicar con la gente, no habrá pensamientos válidos!

El más allá

Hace unos días recogí unos insectos, un tanto peligrosos, del suelo para que los niños de la escuela de infantil  no los tocasen. Poco más que me  miraron y me trataron como a “superwoman” . Entonces, un peque me preguntó a dónde habían ido a parar. Como siempre me da pena hacerle mala prensa a los insectos, le dije que los había echado en el contenedor de la basura, porque los niños no los pueden tocar,  pero que seguramente ellos se irían a otra tierra. Por supuesto, me refería a otra tierra de otro parque o similar, pero el niño, de cuatro años, abrió mucho los ojos y me dijo: ” ¿ Es que existe otra tierra,  una más allá de los infiernos?”  Esta expresión debe ser propia de alguna película, porque para los niños de estas generaciones,al contrario que  los de la mía,  el infierno, afortunadamente, es un algo absolutamente desconocido. Me reí pensando  en aquellos bichos haciendo un viajecito  al más alla… Desde luego, a imaginación, no los gana nadie.

Decadencia

Mientras una amiga y yo nos tomábamos una cervecita al sol,  en  una terraza de un bar situado en  un parque céntrico, un niño a nuestro lado, destrozaba a palos las ramas de un árbol cercano ante la mirada impasible de los padres. ¿Le decimos algo al niño o a sus padres no? le dije a mi amiga, que también es maestra. “Déjalo, igual sus padres le han dado la idea para que se entretenga, vete tú a saber…”, respondió mi amiga.

Intelectuales

Existe el cine para cinéfilos, libros para intelectuales, arte para la aristocracia del pensamiento. Me abruma cómo puede expresarse la intelectualidad diferenciando entre “ellos” y el resto de los mortales, la plebe del pensamiento. Me hierve la sangre: La vida está aquí abajo, en la tierra, entre los que nos levantamos cada día a las siete de la mañana o antes, a arrimar el hombro. Los que somos y nos codeamos con los que sostienen la vida: los trabajadores, y trabajadoras, gente que limpia, que sirve cafés, que  despacha en tiendas, que enseñamos en las escuelas, que vamos al cine a ver los estrenos, que compramos los libros que nos apetece y cuando nos apetece, sin menospreciar a los clásicos de ningún tipo. No entiendo ese afán de la intelectualidad por diferenciarse en la demagogia de su cultura exquisita. Cada vez que los escucho me duermo. Será porque me levanto muy temprano.

En alza

Ahora que todo lo material se desvalora, miro hacia atrás y veo los años pasados invirtiendo en lo que muchos consideraban un valor desfasado: los hijos. Comprendo que la vida te hace elegir, y que todo no se puede tener. Nunca dejé de trabajar, pero renuncié a muchas cosas, voluntaria y conscientemente. Sabía que la elección conllevaría esfuerzo, renuncia  y sacrificio. Ahora, pasados los cuarenta y mirando a mi alrededor, sé que hice una buena elección. Es el único valor que sigue en alza en mi escala de prioridades, a pesar de los problemas, y el más valioso  en el que sigo creyendo: la familia.  Mi esfuerzo me ha costado, es decir, nuestro esfuerzo nos ha costado a todas las que valientemente desafíamos al futuro por amor, siendo madres jóvenes.