El beso número cinco

Cuando era muy joven existía una irritante  costumbre entre los mayores: increpar a los jóvenes que se besaban o que vestían de alguna forma especial. Nosotras nos  reíamos, y recuerdo a mi amiga Sara respondiendo: “Se besan porque quieren, vieja loro”. Las señoras nos respondieron  airadas: “Ya seréis viejas vosotras”. Aunque, afortunadamente, no hemos llegado a ese estado,el tiempo pasa y  siguen sin molestarme los besos en la calle, es más, me gusta verlos siempre que estén dentro de un mínimo  sentido de la elegancia, por supuesto. Proliferan en primavera, pero también son inmunes a las temperaturas bajo cero. Conté al menos, cuatro parejas besándose con pasión  en un mismo trayecto en una calle céntrica de Madrid. Así es que empecé a pensar en los besos y en los recuerdos. Al llegar al museo del Prado me encontré con este beso de Rodín. El número cinco en la misma mañana.  Hoy es un buen día para compartir esta obra de arte. ¿Por qué no? Este fue el número cinco, sin contar los míos…

2 pensamientos en “El beso número cinco

  1. A mí siempre me da alegría. La gente joven, los niños, me dan alegría. Pero hay personas muy negativas. Hay gente muy joven maravillosa y no tienen un mundo fácil, por mucho que diga alguna gente que sí.

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