Dedos infantiles

Hoy, en mi aula de peques de cinco años, tuve que curar una herida minúscula. Creo que ni con microscopio se hubiera detectado, a no ser por unas también minúsculas partículas de sangre que espantaron a todos los niños y aún más a la dueña  del dedo  “herido”. La monserga no se hizo esperar: ” Tengo una herida, tengo una herida, me duele, tengo una herida..” después de que le repitiera un montón de veces que eso no era nada, finalmente me di por vencida: ” ¿quieres que te la cure y te ponga una tirita?” La cara de dolor, presagiaba una amputación o algo parecido. Lleve a la ” enferma” al botiquín, curé la herida y le puse una hermosa tirita, digna de millones de heridas como la suya. La sonrisa fue inmensa y el sentimiento heroico al cruzar la puerta de regreso al aula, ante la mirada de los compañeros y compañeras, mayúsculo. Esta clase de ” heridas” se repiten sin cesar. Pequeños dramas originados por minúculos accidentes. Cada vez que curo a un niño con esta clase de menudencia, cada vez que los oigo llorar espantados ante unas heridas que llanamente no veo mas que acercándomelas a la nariz, pienso después en el horror de los niños de la guerra. Pienso siempre en ése y en otros horrores por los que estarán pasando muchos niños en el mundo, y doy gracias a la vida por estar curando deditos delicados, aunque miedosos, sanos dedos infantiles.

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