Rescatadas

Eran buenas chicas y como tantas, se aburrían en una tarde de domingo y en la plenitud de su juventud. Allí estaban, un grupo de jóvenes cara a cara en un café, dejando las horas pasar. Decidieron “mensajearse”, allí mismo, rodilla con rodilla. Y entonces empezó lo bueno. Ya la tarde parecía otra cosa. Leerse animaba el asunto. La conversación no podía ser muy profunda, pero eso tampoco importaba demasiado. Había comunicación.¿No era eso lo importante? Menos mal que tenían un “móvil” para rescatarlas del tedio. ¡Qué tarde tan fantástica!  

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