Los primeros días de otoño

En estos días de otoño recuerda a sus niños, y cómo tenía que convencerlos  para irse a la cama temprano, explicándoles  que el verano ya se había ido. Bajaba las persianas, a pesar de sus protestas, y les decía que ya era hora de dormir. Cuando todos estaban tapados empezaba a contarles  un cuento, y se despedía de ellos apagando la luz  entre ruidos y toses, risas y besos. ” ¿Te he contado cómo dormía a mis niños en estas tardes de lluvia?” Le dije que sí, que ya me lo había contado. En realidad, me lo había contado hacía cinco minutos. Pero volvió a repetírmelo, aunque esta vez habló de cómo crecieron, se casaron y se fueron. Las dos hijas se le murieron de esa enfermedad que ella llama ” de ahora”, y los dos hijos son los que vienen a verla de vez en cuando.  Se quedó muy pensativa mirando a través de la cristalera de la cafetería. Y cuando comencé a hablar con mi madre, ella nos interrumpió de repente: “¿ Te he contado cómo dormía a mis niños en estos días de otoño?” La escuchamos de nuevo, y me dije que escribiría aquí el sueño infinito de esos niños, capaz de traspasar el tiempo, y  hacer revivir unos días simples de maternidad, tan poco importantes cuando suceden y tan memorables y nostálgicos a través de los años,  en la mente de una madre anciana.

La señorita Pompita, maestra nacional

La señorita  Pompita  viste a la moda, con ropa de marca, con estilo. Es la mar de moderna, todo un especimen de su época. Cumple a la perfección con todos los requerimientos para ser una ” mujer moderna”: marido ejemplar, par de niños, trabajo fijo, gimnasio, paddel y un grupo de amigas para hacerle  el coro. La señorita Pompita no cree en la Escuela Pública, así es que sus hijos no van a ella, pero ella sí trabajaba dentro. Cosas de la vida.

La señorita Pompita, la mar de joven y moderna, sienta a todos los ” torpes” juntos. Porque ella no cree en ” pamplinas”. Trabaja según los cánones de los australopitecus, y en su clase se respira aire de velociraptor, es decir, renglones antidiluvianos , cuadrículas torturadoras, premios, castigos, un tono de voz autoritario y un aire de decaimiento por el inmensoooo trabajo que le ha tocado en esta vida: ser maestra.

La señorita Pompita tiene muchas amigas. Son todas fantásticas. Compran los modelos juntas, hablan por teléfono, se toman cafés, se escriben por el facebook. Un sueño de vida lleno de aventuras, como se puede apreciar, y perspectiva vital… ¡un encanto de mujeres!

Pero lo mejor, va a venir con !la Reforma Educativa!( ¡Yupiiiiii ! )un sueño para todas ellas. Por fin va a ver una educación “como Dios manda” para toda esa chusma que, por supuesto, no se junta con sus hijos. Ya era hora, comentan Pompita y sus amigas tomándose un gin tonic,  mientras se quejan del sueldo porque ya no pueden pagar modelos y  “muchacha”. “No puedo creer que estemos en septiembre. Menos mal que es viernes”, comenta Pompita mirándose una uña rota, efecto destructivo de una tiza escolar.