Recogiendo momentos

Escuchamos el eco de las voces. Fue deslizándose entre las mesas, acallando el rumor producido por el tintnieo de algunas tazas que danzaban  entre  manos temblorosas. La cafetería de la residencia de ancianos está casi vacía a esa hora, y las persianas estaban bajadas para evitar el sol castigador de la tarde. Al escuchar las voces unidas, mi familia y yo nos dimos la vuelta y permanecimos en silencio. Después nos miramos con la complicidad de estar compartiendo algo importante, y sonreímos.

Frente a sus tazas de café,  dos hijos cantaban  una copla junto a su madre anciana. Los tres entonaban a coro una melodía nostálgica, ajenos a las miradas de los demás. Creo que en el universo de ese instante estaban sólo los tres.  “La música es lo único que recuerda”, nos había dicho uno de los hijos hace ya tiempo.

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