El engaño maternal

Con todo esto del trabajo y la maternidad, a las mujeres de mi generación nos convencieron de que importaba más la calidad que la cantidad de tiempo que ofrecías a los hijos. Nunca estuve de acuerdo, pero no había otra posibilidad. Había que adaptarse al momento si querías montarte en el carro profesional. Es más, si querías vivir y sobrevivir. Ahora, al cabo de los años, después de criar hijos y ser maestra de muchos niños, cada vez me doy más cuenta de la falsedad de esta idea. No hace falta tener a los hijos pegados a la falda, pero los niños necesitan tiempo, tiempo, tiempo con sus padres y madres. Igual que todo lo valioso , profundo  y humano, los niños necesitan tiempo y paciencia. Y no me cabe ninguna duda de que hemos sido  una generación de mujeres engañadas en este aspecto, por no hablar de muchos otros. Así es que valoro cada minuto y cada segundo que paso con mis hijos y si pueden ser en lugar de dos minutos, dos horas de calidad,  mejor que mejor.

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