Mi dulce amiga

No recuerdo si hace ya  nueve o diez años que conocí casualmente en una  habitación de hospital a mi amiga M. Las dos pasábamos por malos momentos con nuestras hijas pequeñas, y las dos acabamos por fundirnos en un abrazo con tan sólo cruzar unas palabras que definían nuestra vida. Porque por extraño que parezca, resulta que  nuestras circunstancias personales eran iguales, tan iguales en lo excepcional, que rayaban lo insólito. Así es que partir de aquel momento, y  sin conocernos, iniciamos una alianza de amistad que permanece a través de los años, tan duros fueron los momentos que pasamos juntas…

Podemos estar desde entonces  mucho tiempo sin vernos, pero al llegar estas fechas de octubre, siempre nos escribimos, nos llamamos o rememoramos de alguna forma nuestra aventura agridulce.

Lo más curioso, es que a pesar del drama que vivíamos, logramos una complicidad especial que nos hizo quitar hierro al asunto y comenzar a transformar en comicidad todo el dolor que estábamos viviendo entonces. Así es que ante la mirada atónita de las enfermeras,  nos pasábamos las noches riéndonos a carcajada batiente y contando mil anécdotas de nuestras vidas, obras y milagros, que nos hacían desternillarnos , con las consiguientes risas de nuestras niñas y su efecto benefactor sobre ellas y sobre nosotras mismas. Fueron muchos días juntas, muchas anécdotas, risas, bromas, lágrimas, dolor, alegrías…las que vivimos unidas.

Al cabo del tiempo, volvimos a casarnos en años consecutivos y guardando los mismos extraños paralelismos vitales. Escribiendo esto me cae alguna lágrima furtiva, pero sobre todo, sobre todo, escucho el eco de las risas de mi amiga M, así es que por supuesto, lo que más me queda de nuestra amistad es una GRAN SONRISA llena de cariño… dulce, dulce, como nuestras hijas.

Un pensamiento en “Mi dulce amiga

  1. Qué bonito y qué cierto, Pilar. También vosotros estáis en nuestro corazón, y en estas fechas es imposible no pensaros aún más…Qué suerte tuvimos de encontraros porque aquel tiempo amargo fue mucho mejor al poderlo compartir de la forma que lo hicimos…Yo creo que no hubo una habitación de hospital tal alegre y tan llena de vida como la nuestra. Un beso enorme.

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