Chocolate con churros

Aunque no lo quiera, los que ya no están  habitan en cada una de las pequeñas cosas que me rodean, en los rincones de las calles, en las tiendas, en las letras de los periódicos, en la falda de flores de esa señora que está delante de mí.

Un chocolate con churros. En  su aroma y su textura, habita también el recuerdo de mi tía Daniela, que por otra parte, vive en casi todo, incluídos en ese todo los hábitos más simples.

En cada despertar, oigo sus palabras diciéndome que había que abrir los ojos y permanecer despierta tomando conciencia del momento, sin saltar al suelo de repente. Lo sigo haciendo, y siempre pienso en ella.

Chocolate con churros  en un desayuno, me traen a la memoria sus misas tempraneras, a las que  asistía de su mano envuelta en la espiritualidad que ella me enseñó, y que tanto dista de la que vivo ahora, donde su religión ya no me cabe.

Las velitas que me gusta encender en el salón, son suyas, son también su legado.

Chocolate con churros y el papel del periódico con su lectura pringosa.  “A ver quién descubre la noticia más interesante” , me decía. Y la buscábamos entre las hojas aceitosas que envolvían los churros.

En cualquier parte, me quedo ensimismada con los recuerdos.

Hoy ocurrió en un chocolate con churros.

 

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