Gente tóxica

Hay gente que sencillamente se enamora y se quiere. Hay gente que no llega a fin de mes, pero no quiere  sucumbir, hay gente que lo pasa mal y lucha día a día contra todo tipo de obstáculos. A algunas personas les cuesta entenderlo… No entienden que otras  como ellos caminen, a pesar de las cortapisas  de la vida,  hacia otras opciones, reestructuren su mente y su corazón y sean capaces de reemprender una vida diferente. No lo entienden, y tienen que buscar justificaciones a tu bienestar. Es la gente que busca la mínima para joderte los buenos momentos con comentarios negativos  y destructivos.  Gente a la que su vida de amargura les parece  la única válida. Gente tóxica.

Dia del maestr@

Cuando entras en una clase de Infantil, te pasan cosas como esta:” ¿Por qué me miras tan fijamente?”  y un pequeño alumno  te responde: ” Porque eres tan guapa…”  Y piensas… Vale, no es mala forma de empezar el día.

Imagino que cosas así ocurren en pocos trabajos. Soy afortunada por ser maestra. A veces, te quedas sin energía…a veces, no gozas de la comprensión y el reconocimiento que necesitas. Pero la mayoría de las veces, resulta enormemente satisfactorio ver como tus esfuerzos tienen fruto en forma de conductas  y actitudes positivas, e incluso trabajos bellos. Y un día descubres que te saluda efusivamente un tipo con barba, una chica en el Womad, una señorita en la feria. Son todos niños y niñas que han pasado por tu aula y se han hecho adultos. Y sientes que todo esto mereció, merece la pena. Es un trabajo fantástico que no cambiaría por nada del mundo… Felicidades, compañeras y compañeros.

Supervivencia

Tras leer a ratos perdidos el libro que hoy pongo en mi página de lecturas: Quién vive, quién muere y por qué de Laurence Gonzales, tras toda la fascinación que he vivido en sus páginas, y  todas sus enseñanzas y filosofía, no puedo evitar pensar en mi padre y en sus consejos, tan aparentemente simples y sencillos y tan profundos en el fondo… Mi padre era un buen nadador, no sé si fantástico o sólo bueno, pero un  buen nadador, tanto en el río, como en el mar y en sus últimos años en la piscina. Recuerdo su espíritu y su personalidad clarísima de  superviviente en cualquier situación. Antes de una dura operación de corazón, le vimos encogerse tras las sábanas, y  aterrorizadas por no saber enfrentar aquellos espamos, que creíamos de llanto, mi hermana y yo nos acercamos y entonces supimos de dónde provenían,  le vimos con los auriculares puestos partiéndose de la risa con un programa de humor de la radio. No nos lo podíamos creer… Porque eran unos momentos muy críticos en su vida.

Mi padre decía que cuanto mejor nadaras, más precaución debías tener con el  agua. Porque te podía traicionar la confianza. Nunca lo he olvidado y he recordado sus palabras durante toda la lectura de este libro sobre la filosofía, el arte y la ciencia de la supervivencia. Después de aquellas risas antes de la operación, mi padre ya preparado para entrar en el quirófano a vida o muerte, preguntó: ” Quisiera saber …¿voy a poder seguir nadando después de esto?…” Sin duda, un auténtico espíritu de lucha . Después de aquella intervención por la que nadie apostaba…continuó nadando, como él quería, y sobrevivió a sus duras circunstancias, alegre, jovial, positivo y sano, a pesar de sus dolencias, durante doce años más…hasta que se despidió de la vida, tan alegre y lleno de energía como siempre, recordándonos a todos, que viviéramos  a ser posible, de forma tan feliz como él había sido. Ahí queda eso…

Nosotros somos…

Hay algo un tanto indefinible que me une intensamente a las personas a las que aprecio y también a las que quiero: Entro en casa y miro a mis hijos, sabemos qué haremos ese día, qué nos gusta, qué nos disgusta. Porque somos cómplices en nuestro espacio familiar.

Cuando llego al trabajo miro a mi compañera, sonreímos ante algo  invisible  para  los demás, porque compartimos la complicidad de cientos de momentos juntas.

Como en un restaurante con unas amigas  y miro algo, hago un comentario insulso que provoca la risa de la persona de enfrente, y  la complicidad de nuestras opiniones nos hace reír a carcajadas.

Converso con  mi marido, podemos analizar el mundo, las personas, las cosas, la naturaleza que lo abarca todo a nuestro alrededor bajo el prisma de nuestra complicidad de pareja , que incluye términos, expresiones, opiniones, sonrisas, gestos, miradas que conforman una complicidad que es sólo y exclusivamente nuestra.

Creo que compartir complicidad con alguien es crear un “Nosotros” . Siempre pensé que ese “nosotros” era algo natural que surgía sin más, e  imagino que pensar así formaba parte de la  inocencia de mi juventud. Con los años he descubierto que, eligir de forma cuidadosa cómo y de qué modo creas ese “nosotros” ,  a qué niveles y con quién, es muy importante.

Enamorarse

“Hay que enamorarse del trabajo” proclamé hace poco, a los cuatro vientos, en un arranque de entusiasmo. Alguien a mi lado  contestó que no estaba enamorada de nada ni de nadie, lo cual al final,  sirvió para arrancarnos también unas risas. Llevo veintidós años enamoradísima de mi trabajo y por supuesto un montón de años enamoradísima del hombre con el que comparto mi vida. No puedo imaginarme de otra forma, ni con la ausencia de estos sentimientos. Mis amores crecen con el tiempo y con los años. Cuando alguien encuentra de verdad ese camino, esa persona con la que todo cobra sentido…de repente, un día te levantas y proclamas a los cuatro vientos cosas como esas que me salen a veces, en arranques entusiastas, aun sabiendo que vivimos en un mundo imperfecto donde los países luchan dejando morir a sus niños. Incluso en este mundo del que, a veces, dan ganas de vomitar tanta amargura indigerible, sigo creyendo en la humanidad y en la vida. Quizás sólo sea una optimista sin remedio.