El postre

Elisa se pidió, de postre, una sobria copa de helado que contenía dos bolas con sabor a fresa.  Laura pidió otra copa, pero con tres bolas de helado de nata, barquillo de colores, caramelo y pintas de chocolate. Maruja optó por una macedonia de frutas , y Marta y yo, por natillas de chocolate adornadas con pequeños dulces tradicionales  extremeños. Cuando nos disponíamos a disfrutar de nuestros sabrosos platillos, alguien dijo: “Mirad los postres, son el fiel reflejo de la personalidad de cada una de nosotras.” Efectivamente, miramos la mesa y comenzamos a reír a carcajadas. Éramos un poema visual. En cuanto a Isabel, ella no quiso venir al restaurante ese martes laboral. Es decir, éramos, incluída la ausencia, un poema visual y gastronómico, de lo más explícito.

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