La madre de todas las ciencias

Cuando era adolescente estudiaba “Hogar”. Esa asignatura  la suspendí dos veces y con razón. Estudiaba en ella costura, macramé, cocina y esas cosas que entonces se consideraban ” Labores propias de mi sexo”. No consiguieron sacar nada provechoso de mí. Rompía los hilos, echaba los crepes antes de tiempo en la sartén, producía nudos inquietantes en los bordados, quemaba las comidas…y me mataba la impaciencia.

Como le ocurre a muchas otras personas, me aburro de todo aquello en lo que haya que esperar… y sin embargo, cada vez estoy más convencida de que uno de los grandes secretos del bienestar es la paciencia. Cultivo desde años la paciencia en el campo profesional, y a base de entrenamiento y algo de naturaleza consigo reunir dosis más que suficientes. Me falta,  sin embargo: con los adultos en general, en la cocina, en la amistad, en los proyectos de la vida, con mis hijos, en el amor, esperando noticias. Es decir, el hecho de poseer paciencia en un ámbito no te capacita directamente para tenerlo en otro. Estoy empezando a cultivar la paciencia más allá de los niños…  y me resulta francamente, difícil… muy difícil dominar, o al menos frenar,  esta debilidad que sufrimos los impacientes…

2 pensamientos en “La madre de todas las ciencias

  1. Uf!! cuando hemos vivido en continuo estrés, es algo que hay que cultivar muy poco a poco sin presionarnos y con mucha paciencia, ja,ja,ja.

    Abrazo.

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