Leyendo…

No hace falta saber mucho para darse cuenta de cómo nos marca la infancia para siempre. Si estoy leyendo y en mi texto aparecen geranios, en mi mente se dibuja inmediatamente la imagen de mi abuela Margarita regando los geranios de la terraza. Esos geranios de mi libro son los de mi abuela, no otros. Si aparece una puesta de sol, miro a través de la visera en la piscina de mi infancia , y es esa puesta de sol inolvidable con las cigüeñas,  la que aparece en mi mente transportada a esa novela o a ese texto. La masa que conforma estos  recuerdos se esconde en algún lugar recóndito de mi cerebro que aún no está definido, pero que en resumen, aparece dibujándome  siempre  una sonrisa en una atmósfera dulce. Cada palabra, cada emoción me traslada a algún momento de la vida y la mayoría de ellos indefectiblemente a la infancia. Imagino que no todo fue tan bonito como esas sonrisas que me sorprenden  cuando pienso en ella, pero el resultado es ése. Si todo esto que llevamos en el corazón es lo que nos sale, consciente o inconscientemente  a lo largo de todas las actividades de nuestra vida… no hace falta saber mucho para darse cuenta de por qué me gusta tanto leer y de cómo nos marca la infancia para siempre…

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