El día de Año Nuevo

El primer día del año siempre me trajo sensaciones extrañas. Después de dormir poco, durante años, siempre me iba a la cama con esa sensación de no haber disfrutado lo suficiente, al menos, no todo lo que mandaban los cánones, y pensaba que era casi una obligación divertirse en un día así.  Despertar a la incertidumbre de un nuevo día como otro cualquiera no era aceptable. Y aunque todo parecía indicarlo, me costaba aceptar esta certeza. Casi siempre, ese día primero era un un poco vacío, un poco sin sentido, y tratábamos de llenarlo con el calor familiar.

Aún siendo madre joven, mi propia madre se ocupaba de la parte más dura que conllevan estas celebraciones, así es que los más jóvenes podíamos trasnochar y divertirnos y también levantarnos un poco tarde. Porque los ” mayores” estaban ahí para salvarnos.

El Año Nuevo tiene ahora un sabor diferente. Ya no hay nadie que me rescate de los quehaceres y somos nosotros, los que entonces nos dejábamos llevar, los que ahora llevamos el timón de todo. Trasnochar se me hace un poco difícil, teniendo en cuenta que al día siguiente hay que estar al pie del cañón. Aquellas cañas de cervezas interminables de los días principales , tan celebradas en mi tierra, las disfruto mirando un poco el reloj, y no por ello sin perder la alegría, pero tampoco sin perder la hora…

Despertarse ya no me deja ningún desasosiego, especialmente si veo que cada uno duerme en su cama y que la noche ha terminado con sueños para todos, aunque hayan regresado con el sol en el cielo. Y sólo ese sentimiento me da paz y fuerzas para volver a comenzar.

Ahora, pienso que todos esos sentimientos eran los que debía sentir mi madre cuando nos dejaba partir vestidas de fantoches para vivir la Noche Vieja más importante de nuestra vida… que era cada una de ellas en aquellos años. Imagino su sensación de tranquilidad al ver nuestras cabezas en la almohada y nuestra sonrisas dormidas al levantarnos. La pereza del día siguiente y la tarde interminable en el brasero charlando de todo y de nada. Mi abuela y mi tía cabeceando de sueño.

Y mi padre cortando el turrón, y contando chistes, como siempre…

2 pensamientos en “El día de Año Nuevo

  1. Siempre es agradable leer tus entradas, de alguna manera tengo la sensación de que es lo que yo hubiera querido decir pero sin la misma capacidad para ordenar las ideas. Increíble como pasa el tiempo y la vida nos pone ahora en el lugar en que estuvieron nuestros padres, con la misma zozobra por la espera de los hijos y la misma alegría serena de verlos y de vernos juntos. Deseo para tí y tu familia un año nuevo pleno de trabajo, satisfacciones, salud, amor y propositos cumplidos.

  2. Muchas Gracias M. Reyna, ya sabes que es un placer compartir tus visitas. Y ya casi una tradición, desearnos el feliz año, aunque ya no escribas en Rancherías y te echemos de menos. , TTe deseo lo mismo, lo mejor de lo mejor para ti y para tu familia en este nuevo año.

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