Cuidados intensivos

Le decía hace poco a una amiga, que no es lo mismo ser madre a los cuarenta que ser madre, como yo lo soy, desde los veinticinco años. No es lo mismo, porque eso significa que cuando miras hacia atrás, te das cuenta de que llevas la mitad de tu vida cuidando de otras personas, y eso te hace, creo yo, por lo que también he visto a mi alrededor, que desarrolles más empatía, comprensión y tolerancia hacia los demás. Porque llevas media vida sin ser el centro de las atenciones, sino el centro que las dispensa. Con poco tiempo para mirarse el ombligo, quizás con demasiado poco tiempo…

De repente, un mal menor me ha hecho necesitar que me cuiden. ¡ Que me cuiden!!!  llevaba años, afortunadamente,  sin necesitarlo y  había olvidado totalmente lo que era eso. Esos pequeños gestos, atenciones, que todos necesitamos cuando estamos enfermos. Quizás lo estuve más veces en los últimos años y no escuché a mi cuerpo. Quizás… y quizás por eso, de no escucharlo, un día te pega un grito, y no tienes más remedio que oirle. Agradezco a la vida el tener un compañero de camino como el que tengo. Sentirse “cuidada” con amor y delicadeza en los momentos de  dolor, es algo que había olvidado por completo y que él me ha recordado de una forma especial. Gracias.

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