TU MIRADA

Nada más nacer me miraste y te miré. Estabas en mis brazos, con sólo unos minutos de vida, envuelto en  una tela verde.  Tu rostro sonrosado y tus ojos abiertos, mirándome.  Qué veías tú no lo sé, yo te vi a ti, tal como eres. Y tu mirada me lo dijo todo. Una mirada llena de sabiduría, quizás demasiado profunda para alguien tan diminuto. No sólo lo aprecié yo, el médico también lo dijo… vaya, qué mirada, parece  más mayor. Es decir, no son cosas mías, pensé ya entonces. Cada día que pasa, es una constatación de que no nos equivocamos. Ni en mis mejores fantasías maternales, pude imaginar un hijo como tú. Te quiero.

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