La verdad

Madurar es levantarse por la mañana pensando que el infierno puede esperar. Que en nuestra soledad existencial, sólo tú  misma puedes construirte el cielo, e invitar a tu cielo a los que elijas.  Que las voces y los oídos de los demás, pueden pasar ya cerca de ti sin dañarte, o quizás, haciéndote cosquillas. Saber que la verdad tiene las patas muy largas y la mentira, muy cortas. Que el mundo es ancho y grande, y que abarca mucho más que el fondo de tu calle. Y que pase lo que pase, cada día sale el sol, aunque sea detrás de las nubes.

Y que  seguirás  amando a los que están en tu  corazón por encima de abismos y montañas…. Todo esto, entre otras cosas.

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