San Antonio y el perrito

Rezar a san Antonio es lo que ha hecho siempre mi madre cuando algo se nos ha perdido. A mí no me ha traspasado esta costumbre, pero últimamente nos hemos abonado a este santo, y andamos recuperando la tradición, por pura necesidad. 

El perro de mi hija,  J. se perdió el último día de fiesta en la ciudad. Tras horas de búsqueda, nos fuimos a dormir desolados. ” Habrá que rezar a San Antonio”, dije después de que la fórmula nos funcionara con las últimas llaves, de una amiga, perdidas en un parque.

A la una y media de la noche sonó el teléfono. J, dormía en la puerta de una ermita del casco antiguo de nuestra ciudad. Alguien leyó la placa con el nombre y el número de teléfono. ” ¿Dónde está la ermita?”preguntamos  llenos de excitación, y una chica jovencita nos dijo que el perrito estaba  en la puerta de la ermita de San Antonio…

El reencuentro fue emocionante.  ” ¡Estábamos rezando a San Antonio!” le dijimos riendo a la amable rescatadora. Y al despedirnos y preguntarle su nombre nos dijo: ” Me llamo Milagros  y es el segundo perro que devuelvo a sus dueños.”  Todos reímos agradecidos. 

3 pensamientos en “San Antonio y el perrito

  1. ¡Madre mía Pilar, qué fuerte! en mi casa también se reza a San Antonio y se suelen encontrar las cosas, pero, no nos manda señales tan diréctas.

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