Nuevo adiós

Son una extensión de mi casa,  una dimensión más de una  familia particular. Son los habitantes de mi aula de Infantil. Compartimos toda clase de momentos y emociones. Nos conocemos, y como una familia, intuimos cuándo está pasando algo, bueno o malo. Observamos la trayectoria de nuestras estaciones emocionales, y cómo se reflejan en nuestros actos. Los suyos, los de los niños y niñas, los míos también. Sus trabajos, los míos. Sus errores, los míos. Bailamos, cantamos, escribimos, leemos, plantamos semillas, crecemos juntos. Sentimos las dificultades del día a día: el cansancio, el sueño, la tristeza, la alegría que acompaña a cada mañana. El dolor de tripa, el cola cao, el desayuno que quisieron o no quisieron, que quise o no quise yo también.El entusiasmo ante algunos trabajos, el tedio ante otros. Buscamos momentos felices para aprender.  Miramos el cielo, las nubes, el sol que anhelamos para salir a correr, con las piernas y con el espíritu.Día tras día.

Ahora se van. Tengo que despedirlos, como cada final de ciclo. Y como cada vez que ocurre, siento una punzada de nostalgia. Tardaré en ver otras caras en sus sillas, otras miradas sobre el gato que se pasea por el muro. Nuevas mediodías con rodillas heridas, saltos, botellas de agua que se vacían en el pelo. Continuará el ciclo de la vida, con nuevos rostros,  y yo seguiré con ellos y ellas, mis nuevos niños y niñas, que serán otra vez los más bonitos del mundo, los mejores, como lo sienten las madres…

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