Gily

Érase una vez un  chico  de provincias llamado Gily Puertas. Era sumamente irracional, tanto como para pensar que todo el mundo era igual a él. El resto del planeta tenía sus horarios, sus pensamientos y sus aficiones. Así es que cuando se encontraba con alguien diferente, Gily Puertas no entendía nada del asunto y se desconcertaba. Con esa idea de la vida pretendía conseguir altas metas espirituales y filosóficas, por ejemplo, hacerse rico. Y esa profundidad abarcaba toda su alma empapelada de billetes de quinientos que sólo habitaban en su fantasía infantil. Gily Puertas tenía muchas admiradoras, porque su sinrazón provocaba curiosidad. Así es que corazón que tocaba, corazón que empapelaba. Tras las primeras lluvias emocionales nada quedaba tras los billetes empapados, sólo su triste no empatía con el mundo.

Gily Puertas agonizaba ante la crisis y su idea de hacerse rico se iba haciendo cada vez más difícil, así es que daba patadas a diestro y siniestro, mientras la juventud  que ya consumía la veintena se le deshacía como hielo en un vaso de alcohol.

Y es que no hay nada más interesante que escribir sobre él. Fin.

Un pensamiento en “Gily

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