Cambios

El final del verano da sus últimos pasos, pero ansío el otoño y  no me molesta. Pienso en la brisa de septiembre por las mañanas y me agrada. Intento recordar el olor de la tierra mojada del patio, los aromas del algún fin de semana de otoño en el campo. Las primeras tardes de frío viendo una película con un té caliente… el sonido de la  lluvia mientras escribo,  las noches de tormenta…

Estamos juntos. El otoño puede llegar.

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Jafar Panahi

No es momentos de despertar amargos rechazos por ningún pueblo. Pero estoy algo “Gibralterada”.  El mapa del mundo está,  según decía mi abuela, como… ” un hospital robado.” Mires por donde mires, surgen odios y rencillas, fruto de los  intereses económicos más que de otro tipo de motivaciones. Pero, incluso ante este panorama, tengo que admitir que la supremacía anglosajona siempre me ha molestado. Quizás, como me dice un amigo, es complejo de inferioridad español. O quizás,  ahora, algunos estamos “empeñonados”. No lo sé. Ya desde niña yo me preguntaba por qué sólo se escuchaban en la radio temas en español o en inglés.

¿El resto del mundo no canta?

Esta pregunta se extendió al resto de las artes. Conozco bastante poco  la literatura, la pintura, el cine que se sale de las fronteras del mercado anglosajón. Así es que encontrar música, películas en la filmoteca, libros, de autores no occidentales me encanta. Y quizás nos encantaría a muchos que no somos expertos en nada, y que nos perdemos muchas cosas sin un trabajo intenso de búsqueda.

Buscando, buscando, he descubierto a Jafar Pahani, cinasta iraní con varios premios internacionales, pero del que no he visto más que una película,  que precisamente se llama : Esto no es una película. Un ” relato” lleno de simbología y profundas reflexiones, puesto que al hacerla, su autor ya estaba pendiente de condena y sin poder salir de su casa, por su actitud crítica contra el régimen. La película está rodada integramente en el interior de su vivienda.  Jafar Pahani cumple ahora una  condena  de seis años, además de tener prohibido crear películas,  guiones,  y viajar al extranjero durante 20 años.  Leyendo su vida, ya él mismo es un  amargo relato de lo que significa la falta de libertad de expresión y sus duras consecuencias. Este mundo está verdaderamente enloquecido…

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De mi cuarto en el ángulo oscuro

Llegó una noche de hace ya unos años. Traía el alma partida, sus cabellos sonoros despeinados y heridas profundas en la piel. Pero no pude deshacerme de él. Yacía en la basura, moribundo, esperando una mano de nieve que pudiera arrancarlo de allí…No fui yo, fue otra persona la que  lo encontró y me lo trajo a casa, pensando que yo no podría negarme a acogerlo…

Guardé el herido laúd, esperando y meditando qué hacer con él. Mi casa, sin lujos, está poblada, sin embargo, de seres con alma. Siempre hubo en ella animalitos, pequeñas plantas, gatos, pájaros, muchos niños  e instrumentos musicales. Así es que senté a mi moribundo amigo en una silla junto al ordenador, y limpiándolo de vez en cuando dejé pasar los días, esperando una solución para él. Busqué un restaurador, pero cuando logré localizarlo, había dejado su oficio. Y después, tuve muchas otras cosas que ocuparon mi tiempo y lo olvidé en su rincón, aunque de vez en cuando me acercaba a  limpiarlo  o  lo removía en su asiento.

Ayer fui a visitar a mi ya anciano tío. No podía creer que no hubiera pensado antes en él. Músico autodidacta, y con las mismas manos primorosas de mi abuelo Teófilo, era la persona idónea para recibir a mi triste y herido laúd rescatado. Lo guardé envuelto en una toalla dentro del maletero  del coche y me fui a ver  a mio tío.  Aun antes de  sacar el instrumento herido,  se lo mostré  a su posible padre adoptivo,  por si tenía, realmente,  interés en él.  Estaba en la basura y… le dije. Porque  no me dio tiempo a terminar la frase. Mi tío se abalanzó sobre el laúd como un sabio médico ante un enfermo al que está seguro de poder salvar. Cogió el instrumento herido  como quien coge un bebé, y me dijo que estaba enormemente agradecido por haber pensado en él para salvarlo.  Abrazó el laúd, y durante toda nuestra visita, sacó herramientas, paños y comenzó ya a curarlo…

” Cuando lo vuelvas a ver, no lo vas a reconocer.”Esas son las palabras con las que me despidió, ayer, mi tío, sin soltar el laúd. De vuelta a casa, y conduciendo por la carretera de la montaña, me emocionaba pensando en la suerte que había tenido este instrumento, salvado por alguien de una muerte segura, convaleciente más tarde  en un rincón de mi casa , y muy pronto con su alma nueva,y la música que sabrán tañer en sus cuerdas, las sabias manos de mi tío.

Toda una aventura para un pequeño instrumento de cuerda.

El mapamundi

Hay niños  rubios y blancos. Tienen casas blancas, almas blancas, vidas blancas. Conciencias blancas. Libertades blancas para respirar en grandes espacios, disfrutar de la naturaleza, los animales, el cariño blanco como nube de algodón que les protege en  su sociedad blanca y perfumada de azúcar.

El mapa se va ensombreciendo hacia abajo.  Los niños son más dorados. Tienen casas más oscuras, almas más sombrías, vidas menos blancas. Libertades recién estrenadas, recortadas, o inexistentes. Pequeños espacios, con más alimañas que mascotas, cariños más pasionales y menos protectores, con esencias de caramelo líquido,  como lágrimas negras de penas antiguas, en sociedades menos blancas y más tostadas de azúcar moreno.

Realidades

Anoche tuve un mal sueño:

Estaba con toda mi familia. Y alguien decía que venían a matarnos. No era una sospecha. Era una certeza. Me eché a temblar y sólo pensaba en “cómo” , porque no quería sufrir, ni que sufrieran a mi alrededor.

Todo era muy real, pero ya no recuerdo más.

Esta mañana, comentamos  qué podría haberme provocado esta pesadilla. Quizás algún libro de los que me estoy leyendo. Quizás, con muchas más probabilidades, la  las noticias  sobre Egipto. ¿Cómo dormir sin pesadillas…?

El ser humano…

No quiero dejarme llevar por la creencia de que otras épocas fueron mejores que esta. No, no es verdad. El camino de la humanidad está plagado de ciénagas, terrenos pantanosos, amaneceres, espinas, belleza, dolor,  luz y oscuridad. A veces, las noticias de nuestros hermanos, de otros países en conflicto, me llenan de estupor. No se minimizan por ello mis problemas ni mis alegrías, pero sí se contaminan de pesadumbre…de falta de confianza en el ser humano, que no logra aprender a convivir en paz. Que sigue aprisionado en ese espejismo que conforman las ansias de poder. Y lo que más me asusta,  con esa manipulación de las necesidades espirituales  del pueblo,  que  las religiones hacen constantemente con las personas, sirviendo a intereses políticos que nada entienden del alma humana.