Yerbabuena

Mi planta de yerbabuena estaba muerta. A su lado se mostraban resplandecientes las otras dos macetas que plantamos mi hijo y yo hace unas semanas. Eran unos regalos de una amiga, pero la yerbabuena no sobrevivió al trasplante, desde el fresco y dulce jardín de mi amiga, al humilde alféizar de una de mis ventanas. Aun así he seguido regándola, más por filosofía de la perseverancia que por esperanzas reales. Las hojas se iban secando y arrugando, se han ido cayendo poco a poco, y yo he seguido regándola y hablándole como a las otras plantas. Esta mañana me sorprendió un pequeño brote verde cerca de la tierra. Me ha hecho tanta ilusión como si hubiera visto una pradera. Me he quedado absorta mirándolo: tan vivo, tan verde, tan  pequeño y con tanta fuerza. He sonreído. Porque llevo practicando toda mi vida este tipo de perseverancia, ante la mirada impasible de los demás. Yo creo en los milagros. Es decir, en los frutos de la constancia.

dibujo_hierbabuena

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