De mi cuarto en el ángulo oscuro

Llegó una noche de hace ya unos años. Traía el alma partida, sus cabellos sonoros despeinados y heridas profundas en la piel. Pero no pude deshacerme de él. Yacía en la basura, moribundo, esperando una mano de nieve que pudiera arrancarlo de allí…No fui yo, fue otra persona la que  lo encontró y me lo trajo a casa, pensando que yo no podría negarme a acogerlo…

Guardé el herido laúd, esperando y meditando qué hacer con él. Mi casa, sin lujos, está poblada, sin embargo, de seres con alma. Siempre hubo en ella animalitos, pequeñas plantas, gatos, pájaros, muchos niños  e instrumentos musicales. Así es que senté a mi moribundo amigo en una silla junto al ordenador, y limpiándolo de vez en cuando dejé pasar los días, esperando una solución para él. Busqué un restaurador, pero cuando logré localizarlo, había dejado su oficio. Y después, tuve muchas otras cosas que ocuparon mi tiempo y lo olvidé en su rincón, aunque de vez en cuando me acercaba a  limpiarlo  o  lo removía en su asiento.

Ayer fui a visitar a mi ya anciano tío. No podía creer que no hubiera pensado antes en él. Músico autodidacta, y con las mismas manos primorosas de mi abuelo Teófilo, era la persona idónea para recibir a mi triste y herido laúd rescatado. Lo guardé envuelto en una toalla dentro del maletero  del coche y me fui a ver  a mio tío.  Aun antes de  sacar el instrumento herido,  se lo mostré  a su posible padre adoptivo,  por si tenía, realmente,  interés en él.  Estaba en la basura y… le dije. Porque  no me dio tiempo a terminar la frase. Mi tío se abalanzó sobre el laúd como un sabio médico ante un enfermo al que está seguro de poder salvar. Cogió el instrumento herido  como quien coge un bebé, y me dijo que estaba enormemente agradecido por haber pensado en él para salvarlo.  Abrazó el laúd, y durante toda nuestra visita, sacó herramientas, paños y comenzó ya a curarlo…

” Cuando lo vuelvas a ver, no lo vas a reconocer.”Esas son las palabras con las que me despidió, ayer, mi tío, sin soltar el laúd. De vuelta a casa, y conduciendo por la carretera de la montaña, me emocionaba pensando en la suerte que había tenido este instrumento, salvado por alguien de una muerte segura, convaleciente más tarde  en un rincón de mi casa , y muy pronto con su alma nueva,y la música que sabrán tañer en sus cuerdas, las sabias manos de mi tío.

Toda una aventura para un pequeño instrumento de cuerda.

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