Recuerdo infantil

He buscado un poema para recordar en el 75 aniversario de la muerte de Antonio Machado. Son muchos los poemas bellos para recordarle, pero este recuerdo infantil  me llega especialmente cerca de mis recuerdos. 

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Tiempo de no silencio

Mis padres, cautos y educados en los más firmes principios morales, odiaban todo lo que tuviera que ver con la falta de discreción. Hasta tal punto de obligarnos, a veces, a ignorar de algún modo los agravios:

” Tú no digas nada; mejor callarse; Tù no te metas; Déjalo pasar; Tú no respondas; ” etc etc.

labios

LLega un momento, en la madurez, en el que todas las palabras escondidas y  apelotonadas, todas las emociones guardadas, todas las miradas aguantadas, eclosionan para tu sorpresa. Y entonces te descubres a ti misma:

Diciendo lo que quieres decir. Metiéndote donde quieres meterte. No dejando pasar nada que te haga daño, y respondiendo cuando hay que responder. Todo esto tiene, por supuesto, un precio. El precio de la inquietud, y el desasosiego que conlleva abandonar tu zona de confort y sordera de seguridad, para adentrarte en el pozo profundo del riesgo.

En los últimos tiempos, me volví respondona. Ya no puedo resistir que me avasallen. Y sólo aguanto las tormentas irremediables de la locura de algunas personas incontrolables, y por propia prudencia.

Pero para mí…no es tiempo de silencio.