Mis libros

He descubierto muchos más habitantes en mi casa, además de los seres humanos, las plantas y los animales: Libros. Limpio los estantes y surgen Cleopatra y Terence Moix, y releo alguna página de: No digas que fue un sueño. Lo devuelvo al estante y sigo leyendo títulos que me traen recuerdos y emociones. Cojo los libros porque sus títulos me incitan a leer, los abro, salen papeles escritos con poemas, notas, recuerdos, hojas de flores, mariposas, tarjetas de una época en la que nos las escribíamos. Palabras, palabras… Intento encajar, de nuevo,  los libros en los estantes. Ya no caben de pie, los tumbo de costado, los pongo de lado, en una esquina, detrás de otros, en cualquier parte. Hoy, haciendo la cama, un viento de verano cargado de humedad, que pronto se transformó en lluvia, se llevó la cortina y cerró la puerta con un gran estruendo. “Agarré” a Stefhan Zweig, que estaba encima de la mesilla, y con su pesado libro sujete la puerta, mientras terminaba de hacer la cama. Al salir de casa, corrí a por mi libro electrónico porque me lo dejé en la cocina y temía que se mojase o le ocurriera algo malo en ese espacio. Me preocupo por ellos. Es cierto, los libros de mi casa están vivos. Se desplazan, surgen, se pierden, aparecen, me alegran, me emocionan, me preocupan, viajan conmigo y hasta sujetan los efectos de las tormentas de verano.

La lectora coronada con flores . Jean-Baptiste-Camille Corot

La lectora coronada con flores . Jean-Baptiste-Camille Corot

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