Margarita

Me contaron cómo sufriste su muerte. Con una amargura viuda, que no cabía en tus treinta y cuatro años. Nunca dijiste una sola palabra mala sobre él, y sin embargo, me dijeron que te hizo infeliz de muchas formas. Fuiste vendiendo los pendientes y la gargantilla para comprar sus medicinas, pero fue inútil. Aquella fue una noche larga y negra, con tus hijos compartiendo el dolor, asustados. Una de aquellas niñas, no lo superó nunca. Los más pequeños, sin embargo, sobrevivieron bien al dolor, con su poca conciencia de la vida y mucha infancia para olvidar la muerte. Los años posteriores fueron aún más duros. Hubo que emigrar a la ciudad. Venderlo todo. Me contaron que antes lo intentaste de mil maneras, incluso con aquellos paquetitos de café y azúcar de estraperlo. Tan pequeños, que solo daban casi para un café. Me han dicho que nunca te rendiste. Sólo en los últimos años, te vi con pesadillas.Temías el final, rodeada por los fantasmas de tantos a los que viste irse. Porque tú no querías irte, tú eras una raíz profunda en esta tierra. Yo te adoraba, tan pequeña que eras de vieja, y sin embargo, tan grande… Margarita.

Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol

El mejor verano

¿Cuál fue tu mejor verano? Lanzaban esta mañana, desde la radio, para que la gente llamara y contara su experiencia. Dejé de escuchar lo que decían para centrarme en las naranjas que estaba exprimiendo. Y aquella última naranja dejó de serlo, para convertirse en una bola de cristal, a través de la cual vi proyectados los  recuerdos de mis mejores veranos. Porque fue imposible escoger uno:

Me vi en la playa de Ceuta, con mis padres, la primera vez que veía el mar, muy pequeña. Me vi en el mismo lugar,en una feria, otro verano. Vi también la casa de campo de mis tíos, en la Viña de la Mata. Salté por las piedras húmedas del río Jerte. Bailé aquellas baladas italianas que mecían ese pelo tan largo, tan largo que tenía entonces, cuando aún soñaba ser como las princesas de los cuentos que habían poblado mi infancia. Vi besos sobre la hierba en el amanecer. Vi a mis hijos en la playa. Me vi con mis amigas en Conil. Tan alegres, tan libres  y felices juntas… Me vi recorriendo la costa de Portugal, de nuevo enamorada y llena de ilusiones…

Después de estos instantes que abarcan varios años, vertí el zumo de esta última naranja exprimida de recuerdos, y me bebí toda aquella felicidad para no olvidarla nunca.

Escena de playa en Zarautz. Sorolla.

Escena de playa en Zarautz. Sorolla

La vuelta

Esta noche aún, no hay cojines desparramados por las cataratas del sofá. No hay un portátil parpadeando encima de la mesa, sin dueño, implorando descanso. La ducha no está  atragantada a deshoras, y no hay música atronadora de fondo. Apenas susurran  los electrodomésticos, el frigorífico está indigesto y el piano mudo. Sin embargo…mañana descargarás tu mochila en la puerta. Con ella, una enorme sonrisa. Como siempre, canturrearás, sacarás cables de no se sabe dónde, enchufarás aparatos, caerán los cojines, sonará el timbre con voces que te llaman, y me abrazarás lisonjero, con alegría desbordante, mientras te arranco información monosilábica. El silencio se despedirá en  la puerta, y las risas y las bromas saldrán bailando por las ventanas. Los animales de la casa brincarán al verte. Entonces,todos sabremos que el pequeño de la casa está de vuelta.

Jacek  Yerka

Jacek Yerka

 

Pescando “prontos” pasados

Hace unos días,  una vieja amiga y yo nos encontramos comprando. Nos besamos entonces, y nos saludamos entre el agobio de la gente, los estantes del comercio, y nuestras bolsas de tomates y verduras. Así es que decidimos aparcar las bolsas en el bar de enfrente y tomarnos unas cañas de cerveza con las que terminamos pescando recuerdos…. Pude así asistir al relato de algunas anécdotas sobre mí misma, que ya había depositado en el fondo de algún rincón de mi memoria. Pero en una anécdota que me relató, pude descubrir a aquella joven madre impetuosa que fui, y que quizás siga siendo:

Ocurrió que una señora de afianzadas creencias religiosas pero de oscuras intenciones terrenales, quiso despreciar a uno de mis hijos, que entonces eran muy pequeños, ofreciéndoles a todos los niños de aquella reunión quinientas pesetas,( sí, hace ya muchos años…) y excluyendo a uno de mis hijos, haciendo ver que no era aceptado por ella. Como una leona, acudí, rompí el billete en dos, ante la mirada de la señora, y ofrecí la mitad a cada uno de mis peques que, encantados, tomaron la mitad como un tesoro, porque aún no conocían el valor del dinero, de tan pequeños que eran.”Gracias señora, pero yo tengo dos hijos”, dije… Y es por eso que dicen que tengo un “pronto” fuerte. Pero no acumulo rencores… porque ni siquiera me acordaba, a no ser con la ayuda de esas cañas que me hicieron pescar este “pronto”, en el pasado de mi maternidad.

Maternidad. Roberto Pizano

Maternidad. Roberto Pizano

En todo momento

Busqué el amor adolescente en aquella “pista” de pueblo, donde brincaban las motas de sol, colándose por las cortinas que apestaban a tabaco y a manchas de fanta, mientras bailábamos  las “lentas” italianas. Lo seguí buscado durante años, hasta que pude sentir el viento a través de las ventanas abiertas del coche, viajando sola, al fin, y escuchando otra música. Descubrí que no importaba equivocarme, no ser perfecta, no ser la mejor. Existía una forma de amor por encima de las cortinas de humo, de la amistad, de la aventura, de lo establecido. Supe que podía ser la más torpe reincidente en mis errores, trasparente hasta donar mi sangre al enemigo. Podía caer, equivocarme y sentirme abatida. Ya no importaba. Porque en todo momento hay una mano que me aprieta, la miro, y nos seguimos reconociendo. Pase lo que pase, con cualquier música, y en todo momento.

Sonia koch

Sonia koch

 

Sin saber por qué

La felicidad es discreta, tanto, que casi siempre nos pasa desapercibida. La infelicidad, sin embargo, es ostentosa. Se engulle a sí misma y engulle a los demás. Me asustan las personas que gozan haciendo daño de forma gratuita, y que atacan cualquier destello de belleza en la vida de los demás. Como si cualquier forma del amor que no poseen, fuera un agravio en sus vidas. La infelicidad es peligrosa. Es autodestrucción y destrucción de lo que nos rodea. A veces, sin ningún motivo aparente, sin saber por qué, puedes convertirte en el objetivo de la infelicidad de alguien.  Y hasta que pase el temporal, solo cabe esperar, porque hasta responder resulta cansado y aburrido.

Stella Im Hultberg

Stella Im Hultberg