LA HORA DE…

Este verano singular salpicado de pequeños respiros, nos despertó un día soleado bajo el techo antiguo de un hotel rural. Muy lentamente pude despedirme de las sábanas blancas y almibaradas, tras la cálida noche. Ante mis ojos, un portón de madera se abría al balcón debajo del cual había un jardín poblado de flores. Descalza, puse los pies en las losas ardientes del balcón  y me tumbé en una hamaca , con medio cuerpo en la sombra, los rayos del sol sobre mi piernas, y un libro entre las manos. Puse nombre a ese momento para no olvidarlo. Pero el estómago pronto me pidió algo más. Bajamos presurosos a desayunar a la cafetería más cercana, pero eran más de las doce: “No, ya no es hora de desayuno”, dijo el camarero malhumorado. Imagino que mis mejillas sonrosadas y la luz de mis ojos le molestaron. Quizás no sabe que madrugo cada día durante el año. Aun así, seguimos esperando durante unos segundos, tras los cuales dijo: ” Venga, ¿qué quieren?”

A menudo, hablamos sobre ello. Sobre la estúpida división de horarios en algunas partes de mi país. Hora de desayuno, hora de café, hora de cena. No hablo de horarios  o turnos de trabajo que hay que respetar. Hablo de esos camareros o camareras que ante una petición miran la hora, a ver si estás tomando lo “correcto” No puede menos que salirnos una sonrisa cómplice, un guiño a lo absurdo, y esperar a la decisión del juez de turno. ¿Acaso es obligatorio desayunar antes de las doce en vacaciones? ¿No podemos tomarnos un café en lugar de una caña a las dos de la tarde? Más de una vez, tras mirar el reloj,  nos han dicho que no, que ya no es hora de café. Es hora de cañas. Ah, gracias, mañana procuraré  dormír de un tirón, no disfrutar de la noche y madrugar….y a las doce,sin falta,  pediremos cañas.

Hoy leí la anécdota de Ana María Matute, que pidió un gin tonic y le dijeron que no, que ya no era hora. Ella contestó: “¿Acaso hay una hora para ser feliz? ”

Feng Chiang-Jiang

Feng Chiang-Jiang