Margarita

Me contaron cómo sufriste su muerte. Con una amargura viuda, que no cabía en tus treinta y cuatro años. Nunca dijiste una sola palabra mala sobre él, y sin embargo, me dijeron que te hizo infeliz de muchas formas. Fuiste vendiendo los pendientes y la gargantilla para comprar sus medicinas, pero fue inútil. Aquella fue una noche larga y negra, con tus hijos compartiendo el dolor, asustados. Una de aquellas niñas, no lo superó nunca. Los más pequeños, sin embargo, sobrevivieron bien al dolor, con su poca conciencia de la vida y mucha infancia para olvidar la muerte. Los años posteriores fueron aún más duros. Hubo que emigrar a la ciudad. Venderlo todo. Me contaron que antes lo intentaste de mil maneras, incluso con aquellos paquetitos de café y azúcar de estraperlo. Tan pequeños, que solo daban casi para un café. Me han dicho que nunca te rendiste. Sólo en los últimos años, te vi con pesadillas.Temías el final, rodeada por los fantasmas de tantos a los que viste irse. Porque tú no querías irte, tú eras una raíz profunda en esta tierra. Yo te adoraba, tan pequeña que eras de vieja, y sin embargo, tan grande… Margarita.

Santiago Rusiñol

Santiago Rusiñol

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