Escucho

En mi casa hay pisadas de hada, cosquillas de teclado, voces adolescentes que llegan desde los confines de las pantallas. Suspiros, confidencias de pájaros en la ventana. Hay pasos mullidos de  gata intentando entrar. Un tic, tac, anacrónico, desde alguna habitación, contestando al murmullo del frigorífico. Campanadas minúsculas desde el microondas. Páginas que pasan la corriente de algún libro, como agua clara, cacharros, el piano. Más pisadas. Jóvenes que pasan chillando bajo la ventana. Olores. Sabores. Nuestra respiración.  Sólo cierro los ojos y escucho.

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Arantza Sestayo. Girasoles

LA HORA DE…

Este verano singular salpicado de pequeños respiros, nos despertó un día soleado bajo el techo antiguo de un hotel rural. Muy lentamente pude despedirme de las sábanas blancas y almibaradas, tras la cálida noche. Ante mis ojos, un portón de madera se abría al balcón debajo del cual había un jardín poblado de flores. Descalza, puse los pies en las losas ardientes del balcón  y me tumbé en una hamaca , con medio cuerpo en la sombra, los rayos del sol sobre mi piernas, y un libro entre las manos. Puse nombre a ese momento para no olvidarlo. Pero el estómago pronto me pidió algo más. Bajamos presurosos a desayunar a la cafetería más cercana, pero eran más de las doce: “No, ya no es hora de desayuno”, dijo el camarero malhumorado. Imagino que mis mejillas sonrosadas y la luz de mis ojos le molestaron. Quizás no sabe que madrugo cada día durante el año. Aun así, seguimos esperando durante unos segundos, tras los cuales dijo: ” Venga, ¿qué quieren?”

A menudo, hablamos sobre ello. Sobre la estúpida división de horarios en algunas partes de mi país. Hora de desayuno, hora de café, hora de cena. No hablo de horarios  o turnos de trabajo que hay que respetar. Hablo de esos camareros o camareras que ante una petición miran la hora, a ver si estás tomando lo “correcto” No puede menos que salirnos una sonrisa cómplice, un guiño a lo absurdo, y esperar a la decisión del juez de turno. ¿Acaso es obligatorio desayunar antes de las doce en vacaciones? ¿No podemos tomarnos un café en lugar de una caña a las dos de la tarde? Más de una vez, tras mirar el reloj,  nos han dicho que no, que ya no es hora de café. Es hora de cañas. Ah, gracias, mañana procuraré  dormír de un tirón, no disfrutar de la noche y madrugar….y a las doce,sin falta,  pediremos cañas.

Hoy leí la anécdota de Ana María Matute, que pidió un gin tonic y le dijeron que no, que ya no era hora. Ella contestó: “¿Acaso hay una hora para ser feliz? ”

Feng Chiang-Jiang

Feng Chiang-Jiang

 

 

 

NOSOTROS

La vida ofrece muchas dimensiones para sentirse bien. Algunas son realmente importantes, pero solo una me es imprescindible para sentirme plena. Sin ella, todo lo demás me sobra.

Esa inmensa una sois: “nosotros” 

familia en el campo. Julio Tagle

                                      Familia en el campo. Julio Tagle

Momentos

Tengo momentos de intensa actividad social y momentos en los que ansío la soledad y la reflexión. Ni más ni menos que como casi todas las personas, imagino. Pero son en los primeros, en los que, casi siempre acabo concluyendo, que el secreto de la felicidad social está en matar la individualidad, borrar cualquier resquicio de diferencia y unirse a las normas de la tribu. Cuando danzo al ritmo del tambor, cumplo con todo lo mandado, me hago una cuenta social para no desaparecer, tomo una copa para no desaparecer aún más, y me esfuerzo por sentir lo que todos parecen sentir. Todo va bien… 

Ellen Kooi

                                         Ellen Kooi

Pues quizás

A veces es posible creer que comprendes de qué va todo esto. Pero  basta darse la vuelta, contestar a una llamada de teléfono inesperada, escuchar una noticia, sentir las palabras de alguien sobre tu piel,  para que nuevos interrogantes hagan volver a dudar de casi todo y volver a empezar.

Alfredo Roldan

Alfredo Roldan

El cielo de agosto

Es posible necesitar gafas de luna. Esta noche lo descubrimos cuando su intensidad nos deslumbró. Fue al cerrar los ojos cuando sentí cómo unas grandes olas surgidas del lago se acercaban a nosotros. Entonces, me retiraste el pañuelo, dejándolo caer sobre mis hombros, para que prestara atención y descubriera que no eran olas lo que escuchábamos, sino las hojas de los árboles que movían sus ramas tapando, a veces, la luz y creando sombras sonoras en nuestros rostros. Y que nuestra barca no era sino un enorme canchal en medio de un paisaje lunar al borde de un lago en calma.  Pero ya sabes que mi fantasía es más grande que mis orejas. Por eso volví a ponerme el pañuelo, y entre tanta belleza, te seguí contando…y buscando lágrimas fugaces entre las estrellas de agosto, para poder
pedirles juntos esos deseos que guardamos celosamente durante todo el año, solo para ellas.

Pareja enamorada y abrazada contemplando el mar y la noche estrellada desde un banco de piedra. Embezeta

Pareja enamorada y abrazada contemplando el mar y la noche estrellada desde un banco de piedra. Embezeta

Delete

“Cristalina” escuché sobre mí. Imagino que pensando en esa incongruencia de fragilidad que me da la fortaleza. Ese muro por el que, sin embargo, cualquier resquicio del pasado puede colarse en forma de olor, palabra o mirada.

Me recuerdo limpiando frenéticamente los cristales donde se reflejaban los rostros de tantas mujeres. Los nombres en páginas rotas, con bolígrafos de colores. Las mentiras en poemas de lo cotidiano. Nombres sin rostros y rostros sin nombre. Direcciones sin asfaltos y calles sin dirección. En alguna ventana de cualquier lugar ocurría la herida. Y después, yo seguía limpiando los espejos llenos de rostros. Han pasado muchos años. No queda nadie de entonces, y sin embargo… A veces, siguen apareciendo rostros en los espejos. Restos  que se quedan en la piel, en forma de erupción crónica. En dolores absurdos, e insomnios pasajeros. Latidos como tambores, al despertar. Busco en mi ordenador, pero no encuentro la tecla “eliminar”.

christofer eckerber-mujer ante el espejo

christofer eckerber-mujer ante el espejo