MI BOLSO

Una de mis buenas amigas, cuenta siempre que cuando su madre decía que no tenía tiempo, ella no lo comprendía  y en su mente infantil, siempre se preguntaba: ¿Cómo se puede no tener tiempo?

Ayer, hablando con mi madre, ella, a sus 87 años, llena de lucidez extraordinaria y de sana filosofía maternal, me dijo: “¡Cómo vas a tener tiempo para todo! ¿Has visto lo que pesa tu bolso? Pues como pongas todo ese peso en tu vida… no me extraña que estés tan cansada y tan falta de tiempo…”

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1925. Autoportrait. Tamara in Green Bugatti. TAMARA LEMPICKA

Animalitos

Hoy ofrecí nuestra cobaya de pelo largo, en adopción, a una familia. Me alegré de poder, al fin, tomar este tipo de decisiones “maduras” que nos devolverán más tiempo e higiene. Al rato de ofrecerla, abrí de nuevo la puerta del coche para decirle a mi amiga, que la daría solamente, si iba a un buen “hogar”. Y volví a alegrarme por poder tomar ya una decisión de mujer curtida en estos temas que antes me afectaban tanto. A  las once de la noche, sin embargo,  me sorprendí a mí misma ofreciendo trocitos de pera a mi amiga de pelo largo y jurándole que nunca la abandonaría. Efectivamente, a mi edad, ya soy una mujer “curtida”, capaz de tomar decisiones sin implicar demasiado los sentimientos. Es evidente…

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Un hombre libre

Érase una vez un hombre que vivía en un pequeño país, con su bandera y todo. El hombre se sentía feliz, pero había algo que le recomía por dentro. Quería que su pueblo natal, una pequeña aldea situada en un valle, fuera única en el mundo, y organizó un movimiento para lograr su independencia. Con mucho entusiasmo lo consiguió, y pusieron una nueva bandera: La bandera de “Villavacas”. El hombre se sentía feliz, pero algo le siguió recomiendo por dentro… Y pensó que sería buena idea que su barrio fuera un barrio independiente. Así es que organizó un movimiento reivindicativo y su barrio consiguió independizarse del pueblo. Para entrar y salir, había guardias uniformados con el lema de “BarrioLibre.” Aunque los habitantes se sentían un poco aislados, parecían felices, pero nuestro hombre no, él pensó que quizás podría pedir la independencia de su bloque de pisos. Y eso hizo, como tenia mucha experiencia, lo consiguió. El bloque de pisos “Edificio del Lagarto” tuvo su propia bandera, normas y leyes. Pero nuestro hombre siguió infeliz. Quería que su casa fuera independiente de las demás. Pero ahora no podía reunirse con nadie para reivindicarlo, así es que tapió las paredes y puso una bandera en el centro de la mesa del salón, donde podía leerse: ” Yo”, y desde entonces, vive sereno. Su hermana, que vive en otro pueblo, le visita de vez en cuando y le mete la comida por la ventana. Pero ahora, él se siente feliz. Habla con el espejo, una lengua propia, y distribuye sus acciones con sus propias leyes y normas. Nadie le contradice. Es, al fin, un hombre libre…

El hijo del hombre. René Magritte (1964)

El hijo del hombre. René Magritte (1964)

Cada mañana

Atravieso varias cortinas hasta alcanzar el mundo. Y me ocurre cada mañana. Salgo, con esfuerzo, del útero cálido de mi casa, y antes de llegar, atravieso kilómetros de amaneceres violetas, olivos, aves, y nubes trepadoras. El camino va transformándose y yo con él, y mientras me preparo para esa entrada, utilizo un viejo recurso, la radio, que me deja escuchar lo que quiero a sinuosos intervalos marcados por curvas de alquitrán.

Rock FM despierta hasta la última gota de mi sangre dormida.

Las piedras centenarias forman un doble muro que me lleva al final del camino. Salgo del coche y, como cada mañana, vuelvo a nacer en mi destino. A lo lejos, las siluetas de unas pequeñas manos se agitan en el aire con un saludo, y yo las recibo como rayos del sol. He dejado todo el rastro de lo que me pesa por el camino y me siento liviana, transparente, para volver a empezar.

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Mujeres urbanas. Gabriel Moreno

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Bolsas “Cascabeleras”

Desde hoy, puedo compartir, en este espacio, mis poemas infantiles de la colección “La boslsa” que publica  la A. C. ” Letras Cascabeleras”. Esta colección ofrece las propuestas de diversos autores, con estilos y temáticas diferentes, través de un formato ágil, desenfadado, original y muy atractivo: una bolsa tipo zip. Puedo confirmar, personalmente, el enorme éxito de las bolsitas, en mi caso, entre lectores de todas las edades. Una experiencia fantástica y una forma  de llegar a muchos perfiles de lectores, de una forma amena y con un precio asequible. De igual modo, os invito a visitar la página de “Letras Cascabeleras”, una Asociación Cultural sin ánimo de lucro ubicada en Cáceres, que tiene como objetivo la promoción y el desarrollo de la cultura en general y de la literatura en particular. Podéis acceder a estos contenidos, pinchando en la foto de mi bolsa, que aparece a la derecha de la página. También os podéis descargar fragmentos. Que disfrutéis.

Mujer escribiendo. Autor?

Mujer escribiendo. (Autor?)

Domingo

La tetera tiene reflejos azules y dentro de ella, el té es verde. El pan tostado conquista espacios con olores que recorren toda la casa, y la tormenta de finales de verano, reparte otros aromas naturales que se mezclan con los del pan y el café. Cierro la ventana porque la cortina parece querer navegar sobre los tejados vecinos. La conduzco con  calma al interior y se queda inmóvil, incluso parece mirar a través del cristal ese universo por el que no la dejé viajar.La gata, mientras tanto,  se despereza en el sofá. Los chicos duermen, y te oigo trajinar con las tazas. Todo tiene una banda sonora de lluvia cálida y  tormenta. Es un anticipo del otoño, y vuelvo a pensar que cuando tienes a tu lado a los que amas, no te falta nada, porque  los domingos se vuelven, de verdad, eso que casi siempre contradicen: Días de fiesta.

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Chica tomando café. Pintura realizada como con café como acuarela. ( Autor?)

Las piedras

Sin saber cómo ni por qué, sentí un día una lluvia de piedras sobre la cabeza, los hombros, mís manos, mis pies. Busqué, desesperadamente, de dónde procedían y descubrí una mano, cobarde, a mis espaldas. No corrí, ni me escondí, aunque lentamente, porque aún no reaccionaba, comencé a protegerme. Las piedras siguieron cayendo sobre el asfalto, duras y pesadas, cargadas de locura y sinrazón, hasta que, de pronto, rebotaron en el suelo y comenzaron a perseguir a  aquella mano oculta. No me alegré, lloré por la tristeza de las manos cobardes.

Fue un sueño cargado de realidad. Mejor dicho, una pesadilla.

A salvo, con el sol sobre mi cabeza y llena de luz a mi alrededor, aquella mano…comenzó a correr despavorida.

. La envidia. Autor: ?

La envidia. (Autor:?)