Algunas palabras para Ti

He aprendido contigo a leer de nuevo, a descubrir los cálidos mensajes que hay detrás de algunos silencios, de algunas pausas.  Sin decir nada, algo nos puede hacer viajar durante miles de kilómetros para dormir abrazados,o  pasar una noche en vela para acompañarnos en alguna soledad, y así, renunciar a muchas libertades para liberarnos juntos.

He aprendido junto a ti a leer por encima de los idiomas.

Es posible que hallemos palabras extrañas entre nosotros, sonidos poco familiares que, a veces,  tañemos inseguros. El norte, el sur…  solo palabras.

No sabía si hoy podría hacerte llegar todo lo que siento por ti sin mis letras, acostumbrada como estoy a ser escribiente de sentimientos. Por eso y por  si acaso, de vez en cuando te escribo algo aquí, como si te lo repitiera al oído. Y esta vez, y aunque nadie escuche, también se puede leer en el silencio,  y en el espacio de estos puntos….lo que te estoy susurrando. No importa el idioma, ya hemos viajado demasiado juntos, por eso, lo que hay entre estas palabras en mi susurro y en mi silencio tú también lo sabes.

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El beso en el hotel de Ville. Robert Doisneau. 1951

Carta a mis niñ@s y a sus familias

Es la primera vez que no puedo acabar un curso con mi familia de la Escuela. Por causas ajenas a mi voluntad, no he podido compartir esos momentos preciosos que me llenan de orgullo: las graduaciones, las fiestas, los bailes, el final. Durante el curso ya se hizo difícil continuar la labor. Siempre con una sensación enorme de frustración y tristeza porque la Escuela, y todos los que me conocen lo saben, es una parte esencial de mi vida. El motor que me da energía, el trabajo de mis sueños y en el que, a pesar de los malos momentos, recargo pilas de ilusión y esperanza.

Una vez más a todos mis niños y niñas y a sus familias: INFINITAS GRACIAS, por su comprensión, cariño, entrega, porque he sido inmensamente feliz a vuestro lado. Me voy con mis poemas, mis libros y mi música a una nueva escuela. Pero os llevo en el corazón. A mis queridas compañeras y compañeros, a mis ” MEJORES” . Toñi y María, amigas y compañeras, del alma. Y a tantos que no puedo nombrar. Me llevo una maleta en el corazón y en ella a mi ESCUELA DE LAS AMÉRICAS, A MI FAMILIA ESCOLAR, A LAS HUERTAS EN ESPECIAL, Y A PERICO DE LOS PALOTES, que dejo en manos de mis compañeras para que siga caminando con ilusión. Gracias por estos años felices. Os quiero.

Pilar Alcántara

Fragilidad

La primera vez que vi llorar a mis padres fue tras la muerte de un ser querido. Hasta entonces, los adultos no lloraban en mis recuerdos. Las monjas no tenían tetas, las profesoras no tenían vida propia fuera del colegio o los padres no se amaban sexualmente. Los roles adultos estaban marcados fijamente en mi cabeza y no podía adivinar que detrás de esas estampas fijas, se escondían seres humanos tan frágiles y sensibles como la niña que yo era entonces.

Ayer, sentada en un banco con mi perra, volví a recordar todo ese impacto emocional que tuve tras este descubrimiento:  Un anciano, bastante elegante se sentó a mi lado y comenzó a jugar con mi  perra. Parecía alegre, haciéndole carantoñas y mimos, pero de repente, se abrazó a ella y comenzó a llorar. No supe qué hacer en ese instante de sorpresa, y esperé a que se calmara. Entonces le pregunté si es que había perdido recientemente a algún animal u otro ser querido.Me dijo que le disculpara, que no podía evitar las lágrimas, que sí, que había perdido a un perro, pero que esa no era la causa de su aflicción, sino algo muy duro que acababa de ocurrirle en esos momentos. Le pregunté si podía ofrecerle ayuda y dijo que no, que gracias, que solo acariciar mi perra, porque los animales tenían más corazón que los humanos. Y añadió: “Te quiero, te quiero, te adoro, qué mentira más grande, el amor se demuestra con hechos, no con palabras” , y de nuevo se supo a llorar  desconsoladamente. Le dejé estar hasta que se calmó, después me despedí de él tras presentarnos, desearle un buen día y una pronta recuperación de su dolor. Mi perra no dejaba de lamerlo y consolarlo con ternura. Supe, en mi corazón, que aquel anciano sufría un abandono amoroso. Que sus lágrimas eran de amor.

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anciano afligido. Van Gogh