La vida en dulce

Llevo nueve años con este blog y hasta este año no me he decidido a hablar sobre diabetes. Ahora estoy en ello, y tanto… que por eso hay en camino un libro que me está haciendo reflexionar mucho. No puedo adelantar nada, solo mis reflexiones al respecto, sobre todo lo que estoy aprendiendo mientras lo escribimos, mi amiga Montse y yo, a cuatro manos y a varias voces…

Ayer nos decía alguien que las madres y los padres de los hijos con diabetes  tipo 1 vivimos la vida como marines del ejército, siempre preparados para salir a combate. Vaya una comparación buena… siempre alerta y dispuestos a lo que sea. No hay descanso, no hay tregua, no hay minuto que esto pare. Al final… te acostumbras a vivir alerta.

Es difícil que los demás lo comprendan. Insisto, de nuevo, muchos nos aislamos ante la imposibilidad de dar explicaciones constantemente de tus actos y tus decisiones. En el libro se explica muy ,muy bien… y sé que la gente lo va a entender.

El mal humor, el cansancio, a veces,  es también difícil de comprender. Cómo la situación de tu hijo, una cifra que tenga, te baja o te sube el ánimo. Cómo una situación de descontrol de glucosa en tu hijo o hija, te hace estar a ti de un humor de perros, dispuesto a saltar a la mínima. Hay tanta tensión acumulada… En esto, insisto,  no hay vacaciones.

Cuando veo que alguien no va a poder acompañarme en mi camino, prefiero decirle adiós. Sea amiga, amigo, pareja, vecino, compañero o compañera de clase. Si no puede acompañarme en mi camino, no tengo elección, porque yo por el suyo no puedo transitar. Y no hablo de que me ayuden, hablo de que puedan comprender que yo tengo una forma de vivir y de sentir diferente.

Sí, tengo una forma de vivir y de sentir diferente y he tardado trece años en poder expresarme. 

Cuando suena el teléfono, (en mi bolsillo, permanentemente), yo solo pienso en una cosa; cuando salgo de viaje y el whatssap no funciona, yo entro en pánico. Si salgo al extranjero, miro el móvil constantemente. Da igual que tus hijos se hagan mayores, da igual, tus hijos son tus hijos. Siempre.  Y todo lo que en otros padres conlleva una preocupación lógica, en nosotros se vuelve desmedida. Y no es obsesión. Es responsabilidad.

Cuando hay algo importante,  piensas…  Y si no se lleva el zumo, el control, y si se cae, y si se marea y alguien piensa que es otra cosa…. Y si … y si… y si no puede hacer ese examen, y si… La mayoría de las veces, los “Ysies” no tienen sentido. Son construcciones terribles de nuestro cerebro. Pero hay veces, que algún y si… se cumple y eso confirma que es necesario estar alerta. Con equilibrio…pero alerta. Cada vez con una alerta más suave, pero alerta.

No me quejo. Ser madre era una de mis mayores ilusiones y alegrías. Todo compensa cuando miro a mis hijos sanos y felices, tan mayores y tan independientes…

Mi marido, mi familia, mis amigas, la gente que me quiere, ya lo sabe bien… Ya lo saben. Mi vida es así, en dulce…. Y no me cambio por nadie. La felicidad es también más grande. La diabetes introduce una nueva métrica en tu vida. Todo pierde la dimensión, la felicidad también. Y yo me siento feliz, porque esto me ha dado la fuerza y el coraje para estar  dispuesta a batallar en lo que se tercie…

 

 

 

 

Un pensamiento en “La vida en dulce

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