No importa si te equivocas

Es especialmente enternecedora esta imagen que me envía una mamá con uno de mis poemas más populares sobre educación emocional,  y por otra parte, paradójicamente inédito. Está escrito a mano y me parece una idea maravillosa. Son ya varias las familias que me han comentado que han puesto este poema en las puertas, o los frigoríficos ¿Qué más puede pedir alguien que escribe para niños y niñas que estar en los hogares? Es todo un honor. ¡Gracias! 

Por la Paz 

Aunque hoy es un día de fiesta para mí, no quiero olvidar la necesaria reflexión sobre el sufrimiento de la guerra… mi forma de hacerlo es compartiendo por primera vez estos versos de mi pequeño Arcolibris, versos que fueron escritos mientras escuchaba atónita las terribles noticias que nos llegaban y siguen llegando a diario desde Siria, y que yo traté de transformar para mis niños y niñas  en esperanza, permitiéndonos  soñar con La Paz…

Arcolibris: un puente mágico de versos

El arcoíris es desde la antiguedad un símbolo mágico. Para los griegos servía de unión entre el reino de los dioses y el de los humanos. La diosa Iris, bello ángel alado, se encargaba de llevar los mensajes. El Arcolibris de colores es también un puente, y desde allí, el ángel de los versos alados, llevará al  corazón de los lectores y lectoras, mensajes de libertad, respeto e igualdad. Gracias por el cariño recibido durante estos días de tantos amigos y amigas… por supuesto, siempre hay alguna decepción… para eso vivimos en el reino de los humanos. Pero el Arcolibris me trasciende. Ya no es mío… ya vuela por sí solo… camino del día diecisiete. Gracias y mil gracias a tod@s….cartel-el-arcolibris-caceres

Cuento: La princesa Yoyó y el espejo mágico

Érase una vez una princesa desesperada. Quería que todos la amaran sin tregua y  que le dijeran lo maravillosa, estupenda y especial que era. Sin embargo, cada una de las personas que vivían a su alrededor, estaba cada cual a sus quehaceres, y las princesas ya no se cotizaban, ni eran admiradas. Yoyó languidecía de tristeza haciendo toda clase de piruetas para llamar la atención de los demás… pero no, no parecía tener resultados.

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Imagen: Wings Style. Espejito mágico. Blog 

Un día, la princesa Yoyó decidió comprarse un espejito mágico. La tienda de espejos era regentada por una vieja bruja, que también sin trabajo, decidió montar el negocio de los espejos. Vestida de hada, vendía a las pobres gentes desesperadas sueños de amor y libertad,  a precios desorbitados. Yoyo acudió a por su espejo. Era un objeto  maravilloso, moderno, con toda clase de prestaciones: conexión wifi, auriculares inalámbricos, cristales superreflejantes… una pasada de espejo.

La princesa Yoyó se miró al espejito, pero claro, este no funcionaba si no le echabas una buena cantidad de monedas en su interior, y solo entonces hablaba. Ese era el sistema ideado por la bruja, un sistema perfecto. Cuando las moneditas brincaban en su interior el espejito mágico funcionaba a la perfección: “Espejito, espejito mágico, ¿ quién es la más bella y maravillosa del mundo?” Y  el espejito contestaba: “Tú, tú, tú eres maravillosa, especial, grande, bellísima, así eres, la más importante de la tierra. Déjalo todo, tu famiia, tu trabajo, tus hijos si los tienes, y ámate a ti misma por encima de todo”. Por supuesto, era una grabación de audio, pero la princesa estaba demasiado encantada con lo que escuchaba como para plantearse ninguna duda.

¡Qué maravilla de espejo!, pensaba la princesa… y así, poco a poco, fue abandonando su vida: sus amigos, su familia, su trabajo… y se dedicó a amarse a sí misma por siempre jamás, mirándose cada vez que podía al espejo mágico, hasta que ya no le quedó dinero para seguir echando en su interior. Así es que un día, a principios de diciembre,  vino el Hada- bruja, dueña de la tienda de espejos mágicos, y cargó en su furgoneta con el espejito, bien lleno de monedas. Tenía mucha prisa en  vendérselo a otra pobre alma deseosa de amor. La princesa Yoyó, aferrada a su espejito, suplicaba que no se lo llevaran. Pero la furgoneta arrancó deprisa, soltando nubes de humo negro… y desapareciendo por el camino polvoriento.

En la casa de la princesa Yoyó todo era silencio. No había amigos, ni familia, ni trabajo, ni hijos. Nada. Solo el hueco de un espejo…  la cuenta de ahorros  vacía, y un montón de palabras de amor flotando en el aire congelado de diciembre. Entonces Yoyó, con lágrimas en los ojos, abrió la puerta, salío a la calle iluminada por las luces de navidad… y decidió que sí, que aceptaba no ser la más bella, la más hermosa, la mejor… que se conformaba con ser Yoyó, la que vive en la esquina de la plaza de los Naranjos. Se dispuso a ser una humana más, y se encaminó a la búsqueda de sus amigos, de su familia,  de la vida…a costa de sufrir  y amar, ganar y perder, vivir…como cualquier hija de vecino de la plaza de los Naranjos.

Yo, solo yo, y después yo, y más yo

La sensibilidad es un don, pero cuando no se logra superar el egocentrismo infantil es un suplicio… sobre todo para los demás. Madurar es abrirse al mundo y dejar de mirarse la barriga. Pensar un poco en los demás, y no tanto en uno mismo de forma obsesiva y dañina. Cuando damos un paso en la vida, es importante mirar y ver que no estás pisando a nadie, que no estás destrozando el lugar y las personas que están por donde pasas…sus sentimientos, sus ilusiones… mirar a tu alrededor, y darte cuenta de que no todo es lícito, no todo vale y no vale seguir por ahí, si por ahí haces daño …solo porque, tú, osea : YO YO YO YO YO YO YO quiero pasar por aquí… y sálvese quien pueda. ¡Ay… qué difícil es hacerse adulto! Mis niños y niñas del colegio, tienen más empatía que mucha gente…

yo