Mi pequeño Amir

 

En estos días recordé otra anécdota que me pasó con uno de mis pequeños de tres años, hijo de una familia inmigrante. Son muchos los niños y niñas de estas familias que han pasado por mi aula compartiendo conmigo sus infancias y sus ilusiones. Día tras día, año tras año. ¿Cómo no sentir frustración y dolor ante los recientes y tristes acontecimientos ocurridos en nuestro país? La anécdota que os quiero contar es sobre un pequeño de casi cuatro años, al que hice presentarse, como al resto de niños y niñas, el primer día de clase. Cuando se presentó y dijo su nombre, yo añadí: “Además, Amir es marroquí”, a lo que mi pequeño contestó: “¿Yo? ¡No! ¡Es mi padre! ¡¡Yo soy de aquí!!!”. Me soprendió una reacción así en alguien tan pequeño. Pero ya no me sorprendo de la capacidad ni de la inteligencia de ningún niño. Son enormes cajas de sorpresas de las que, a veces, no sabemos nada… Por supuesto, pedí disculpas a mi pequeño caballero de tres años, por mi gran equivocación. Los adultos nos equivocamos constantemente…

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Imagen: Graphik. H

 

 

 

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