Parece amor pero…

Quizás en algún momento te gustó, o te pareció fruto de un amor apasionado el que quisiera estar todo el tiempo contigo y con nadie más, y que igualmente tú no estuvieras con nadie, solo los dos, siempre juntos. Y quizás te gustó en alguna ocasión o te pareció que te amaba demasiado porque  te dijo que no te pusieras esa ropa y que solo lo hicieras para él… Quizás te parecieron emocionantes aquellas palabras profundas y románticas que sabía decirte como nadie y que no se acompañaban de sus actos…

Quizás te empezó a desagradar en algún momento el no poder tomar ninguna decisión por ti misma (porque te vas a equivocar), o el no ir a ningún lugar sin él ; no vestirte como quieres; escuchar palabras vacías que fueron perdiendo color como la ropa lavada cien veces en la lavadora…

Si te sientes así te interesa este libro. Quizás puedas abrir los ojos y estés a tiempo de escapar.

Un libro muy recomendable para las que aún no salieron de la jaula…

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La incomprensión

Durante años descubrí que criar sola a una niña con diabetes, despertaba las miradas recelosas de todos. He recibido todas las críticas del mundo, especialmente del colegio, que no tenía ni idea del asunto, claro, y así pasó también con la familia, los amigos, conocidos. Nadie entendía nada. No los juzgo, porque el  que no sabe es como el que no ve. No lo hacían con malicia, solo con ignorancia:”Sobreprotectora”, ” exagerada” , “obsesiva”. Cada una de estas palabras, dichas a veces, con la mejor de ls intenciones, me causaban gran inseguridad. Intentaba por todos los medios ser esa mujer que el colegio y los demás querían que fuera, pero me resultaba imposible, porque cada vez que lo intentaba, los resultados no eran favorables. Y lo intentaba…

Nadie tenía ni la más remota idea de los rigurosos cuidados que requiere la diabetes en la infancia. Las ya famosas noches sin dormir que se prolongan durante años; los desvelos con el peso,  los hidratos, los cálculos de insulina, el ejercicio. Nada, nadie sabía nada. Comparaban la situación con la diabetes de algún abuelo o abuela, de la que tenían referencia, sin darse cuenta de que esa es otro tipo de diabetes.

Miro hacia atrás y descubro a una hija absolutamente responsable de una enfermedad difícil y traicionera, con tan solo nueve años. Ningún protocolo en el colegio, ninguna información a su alrededor, que no fuera el teléfono que nos unía cuando me veía obligada a irme a trabajar o a alguna otra parte sin ella, y que tampoco los demás entendían. Y aún así, nunca era bastante para los ojos críticos de los demás. Nunca lo hacíamos bien. Estábamos “obsesionadas”. Era una madre sola, y ahí entran los prejuicios, las dudas, los clichés.

No quisiera que ningún padre o madre tuviera esta sensación que tuve yo, una sensación terrible, la de la incomprensión, la de hablar otro idioma con los que te rodean, sin que nadie te entienda. Es por eso que estoy metida en un proyecto sobre diabetes del que ya daré más noticias. Muy pronto…

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Algunas palabras para Ti

He aprendido contigo a leer de nuevo, a descubrir los cálidos mensajes que hay detrás de algunos silencios, de algunas pausas.  Sin decir nada, algo nos puede hacer viajar durante miles de kilómetros para dormir abrazados,o  pasar una noche en vela para acompañarnos en alguna soledad, y así, renunciar a muchas libertades para liberarnos juntos.

He aprendido junto a ti a leer por encima de los idiomas.

Es posible que hallemos palabras extrañas entre nosotros, sonidos poco familiares que, a veces,  tañemos inseguros. El norte, el sur…  solo palabras.

No sabía si hoy podría hacerte llegar todo lo que siento por ti sin mis letras, acostumbrada como estoy a ser escribiente de sentimientos. Por eso y por  si acaso, de vez en cuando te escribo algo aquí, como si te lo repitiera al oído. Y esta vez, y aunque nadie escuche, también se puede leer en el silencio,  y en el espacio de estos puntos….lo que te estoy susurrando. No importa el idioma, ya hemos viajado demasiado juntos, por eso, lo que hay entre estas palabras en mi susurro y en mi silencio tú también lo sabes.

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El beso en el hotel de Ville. Robert Doisneau. 1951

Fragilidad

La primera vez que vi llorar a mis padres fue tras la muerte de un ser querido. Hasta entonces, los adultos no lloraban en mis recuerdos. Las monjas no tenían tetas, las profesoras no tenían vida propia fuera del colegio o los padres no se amaban sexualmente. Los roles adultos estaban marcados fijamente en mi cabeza y no podía adivinar que detrás de esas estampas fijas, se escondían seres humanos tan frágiles y sensibles como la niña que yo era entonces.

Ayer, sentada en un banco con mi perra, volví a recordar todo ese impacto emocional que tuve tras este descubrimiento:  Un anciano, bastante elegante se sentó a mi lado y comenzó a jugar con mi  perra. Parecía alegre, haciéndole carantoñas y mimos, pero de repente, se abrazó a ella y comenzó a llorar. No supe qué hacer en ese instante de sorpresa, y esperé a que se calmara. Entonces le pregunté si es que había perdido recientemente a algún animal u otro ser querido.Me dijo que le disculpara, que no podía evitar las lágrimas, que sí, que había perdido a un perro, pero que esa no era la causa de su aflicción, sino algo muy duro que acababa de ocurrirle en esos momentos. Le pregunté si podía ofrecerle ayuda y dijo que no, que gracias, que solo acariciar mi perra, porque los animales tenían más corazón que los humanos. Y añadió: “Te quiero, te quiero, te adoro, qué mentira más grande, el amor se demuestra con hechos, no con palabras” , y de nuevo se supo a llorar  desconsoladamente. Le dejé estar hasta que se calmó, después me despedí de él tras presentarnos, desearle un buen día y una pronta recuperación de su dolor. Mi perra no dejaba de lamerlo y consolarlo con ternura. Supe, en mi corazón, que aquel anciano sufría un abandono amoroso. Que sus lágrimas eran de amor.

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anciano afligido. Van Gogh

Una madre normal

Hoy leía en la red un artículo sobre una supermadre, que se ha hecho famosa porque fomenta la independencia de sus hijos. Vale. Me suena igual que el sexo en una “peli porno”. Todo es  fantástico para alguna gente “super” , y la realidad es que cada uno y cada una, somos madres y somos personas como podemos, y la vida nos deja serlo. No sé cómo se puede ser una madre super nada, cuando te has pasado la vida trabajando y llevando horarios imposibles hasta conseguir poner en orden una vida estable. Cómo se puede atender a las necesidades emocionales cuando las tuyas han luchado por sobrevivir al caos de la ausencia de una familia estable. Cómo ser todo esto que te exigen ser cuando has luchado sola  en una sociedad fiera que no te perdona un fallo. Soy la madre que he podido ser, he hecho lo que estaba en mi mano. Hay errores y hay aciertos. Dejadnos ser humanas, por favor. Dejadnos en paz con ese rollo de las supermamás, superprofesionales, superesposas. Lo único que soy es humana. Amo a mis hijos y hago lo que puedo. No puedo ni  quiero ser una mujer “súper”. Tengo ganas de vomitar.

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